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El temor vive en el cerebro

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 18:46, Categoría: General

http://www.elcaribecdn.com/articulo_caribe.aspx?id=85239&guid=E7FC43F1FF2744BABD5290F6F968FC83&Seccion=13

El temor vive en el cerebro
Las expectativas son tan pavorosas como el evento
Por Glenys Alvarez / El Caribe
Lunes 8 de mayo del 2006 actualizado el domingo 7 de mayo del 2006 a las 10:47 PM
Científicos aseguran que esperar algo que tememos activa las mismas regiones en el cerebro que funcionan cuando experimentamos el dolor o la pena emocional verdaderos.
Melania espera donde el dentista su primer tratamiento de canal. Llevó un libro para distraerse pero su mente sólo piensa en el procedimiento, en la inyección y en el dolor que estará recibiendo en unos momentos, la espera le parece interminable y sólo quiere salir de eso porque aquel sentimiento es realmente paralizador.

Ciertamente, todos sabemos que la horrorosa espera de un acontecimiento que tememos parece nunca terminar; sin embargo, la ciencia nunca había estudiado lo que ocurría en el cerebro durante esos insoportables minutos en que las expectativas juegan el rol del miedo y nos torturan con pensamientos de lo que podría pasar en unos minutos.
Pero esta semana, el primer estudio sobre las expectativas al temor ha descubierto actividades en el cerebro que se asemejan, en demasía, al dolor que experimentamos cuando el evento está ocurriendo.

Pensaríamos, por supuesto, que la inyección dolerá más que nuestras expectativas, pero, al parecer, el cerebro nos juega un truco bien barato a la hora de torturarnos con esos pensamientos.
“Cuando una persona se sienta en la sala de un médico para esperar algo que será doloroso, su personalidad puede que lo haga padecer un momento peor de lo que realmente ocurrirá. Ese momento de temor que sentimos activa las mismas regiones de dolor en el cerebro. Es impresionante”, comentó en el diario científico Science el investigador Gregory Berns de la Universidad Emory. 

Los investigadores afirman que sus resultados hablan muy bien de la distracción y permitirán que las personas formulen estrategias a la hora que tengan que esperar por un evento emocional penoso o que ineludiblemente les causará dolor. De hecho, las investigaciones sobre los estudios del pánico también favorecen a la distracción como un evento que podría eliminar el temor a lo que nos espera.

“Somos criaturas del momento y el temor, y el dolor que esperamos sentir puede hacer que cambiemos de opinión respecto a nuestras vidas. Cualquier persona que le tema demasiado a lo que está a punto de ocurrir se irá del salón de espera si su cerebro le juega un truco doloroso”. Es lo que ellos llaman un ‘temeroso extremo’. 

Cuando la expectativa de algo muy doloroso se apodera de nuestras mentes, lo que ocurre es que la región compleja que se encarga de estas experiencias, especialmente el área que se enfoca en la región del cuerpo que sentirá el dolor, se activa intensamente y nos hace sentir ese temor tan parecido al dolor que esperamos.
Los temerosos extremos prefieren más dolor pero que sea rápido
Los científicos escanearon los cerebros de 32 voluntarios mientras esperaban un choque eléctrico.

Antes de la espera, los investigadores definieron un poco la intensidad del dolor y en cuáles partes de sus cuerpos lo sentirían, para agregar algo más de drama a sus expectativas.
Debido a los resultados del experimento, los investigadores decidieron dividir a los voluntarios en dos grupos: los temerosos y los temerosos extremos, que siempre sentín más pavor durante la espera.

“Cuando les ofrecíamos cargas con igual voltaje pero más tarde, la mayoría de los voluntarios preferían salir de eso ya”.

“Sin embargo, nueve de los voluntarios temían tanto al dolor que sentirían que preferían un corrientazo de más intensidad si la espera era reducida. Por eso decimos que esperar es tan horrendo como el mismo dolor que se espera”, explicó Berns.
El maravilloso poder de la distracción

Lo que ocurre es que cuando el cerebro se encuentra a la expectativa del dolor, las mismas áreas que se encargan de producirlo se activan. Es aún peor para los temerosos extremos pues en sus cerebros, la parte que se encarga de enfocarse en el lugar del cuerpo que sentirá el dolor se activa como si lo estuviese sintiendo.
“Creemos que este estudio puede brindar un poco de poder a estas personas. Saber lo que ocurre en su cerebro puede ayudarlo a buscar un entretenimiento que lo haga olvidar que dentro de un momento estará sintiendo el verdadero dolor que tanto teme”, dijo Tor Pager, de Columbia.

Científicos aseguran que esperar algo que tememos activa las mismas regiones en el cerebro que funcionan cuando experimentamos el dolor o la pena emocional verdaderos.
Melania espera donde el dentista su primer tratamiento de canal. Llevó un libro para distraerse pero su mente sólo piensa en el procedimiento, en la inyección y en el dolor que estará recibiendo en unos momentos, la espera le parece interminable y sólo quiere salir de eso porque aquel sentimiento es realmente paralizador.

Ciertamente, todos sabemos que la horrorosa espera de un acontecimiento que tememos parece nunca terminar; sin embargo, la ciencia nunca había estudiado lo que ocurría en el cerebro durante esos insoportables minutos en que las expectativas juegan el rol del miedo y nos torturan con pensamientos de lo que podría pasar en unos minutos.
Pero esta semana, el primer estudio sobre las expectativas al temor ha descubierto actividades en el cerebro que se asemejan, en demasía, al dolor que experimentamos cuando el evento está ocurriendo.

Pensaríamos, por supuesto, que la inyección dolerá más que nuestras expectativas, pero, al parecer, el cerebro nos juega un truco bien barato a la hora de torturarnos con esos pensamientos.
“Cuando una persona se sienta en la sala de un médico para esperar algo que será doloroso, su personalidad puede que lo haga padecer un momento peor de lo que realmente ocurrirá. Ese momento de temor que sentimos activa las mismas regiones de dolor en el cerebro. Es impresionante”, comentó en el diario científico Science el investigador Gregory Berns de la Universidad Emory. 

Los investigadores afirman que sus resultados hablan muy bien de la distracción y permitirán que las personas formulen estrategias a la hora que tengan que esperar por un evento emocional penoso o que ineludiblemente les causará dolor. De hecho, las investigaciones sobre los estudios del pánico también favorecen a la distracción como un evento que podría eliminar el temor a lo que nos espera.

“Somos criaturas del momento y el temor, y el dolor que esperamos sentir puede hacer que cambiemos de opinión respecto a nuestras vidas. Cualquier persona que le tema demasiado a lo que está a punto de ocurrir se irá del salón de espera si su cerebro le juega un truco doloroso”. Es lo que ellos llaman un ‘temeroso extremo’. 

Cuando la expectativa de algo muy doloroso se apodera de nuestras mentes, lo que ocurre es que la región compleja que se encarga de estas experiencias, especialmente el área que se enfoca en la región del cuerpo que sentirá el dolor, se activa intensamente y nos hace sentir ese temor tan parecido al dolor que esperamos.
Los temerosos extremos prefieren más dolor pero que sea rápido
Los científicos escanearon los cerebros de 32 voluntarios mientras esperaban un choque eléctrico.

Antes de la espera, los investigadores definieron un poco la intensidad del dolor y en cuáles partes de sus cuerpos lo sentirían, para agregar algo más de drama a sus expectativas.
Debido a los resultados del experimento, los investigadores decidieron dividir a los voluntarios en dos grupos: los temerosos y los temerosos extremos, que siempre sentín más pavor durante la espera.

“Cuando les ofrecíamos cargas con igual voltaje pero más tarde, la mayoría de los voluntarios preferían salir de eso ya”.

“Sin embargo, nueve de los voluntarios temían tanto al dolor que sentirían que preferían un corrientazo de más intensidad si la espera era reducida. Por eso decimos que esperar es tan horrendo como el mismo dolor que se espera”, explicó Berns.
El maravilloso poder de la distracción

Lo que ocurre es que cuando el cerebro se encuentra a la expectativa del dolor, las mismas áreas que se encargan de producirlo se activan. Es aún peor para los temerosos extremos pues en sus cerebros, la parte que se encarga de enfocarse en el lugar del cuerpo que sentirá el dolor se activa como si lo estuviese sintiendo.
“Creemos que este estudio puede brindar un poco de poder a estas personas. Saber lo que ocurre en su cerebro puede ayudarlo a buscar un entretenimiento que lo haga olvidar que dentro de un momento estará sintiendo el verdadero dolor que tanto teme”, dijo Tor Pager, de Columbia.

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