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«El cerebro sigue siendo la gran incógnita»

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 18:52, Categoría: General

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1265&pIdSeccion=46&pIdNoticia=401786

«El cerebro sigue siendo la gran incógnita»
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Arturo Álvarez-Buylla, ayer, delante de la casona de Verines, en Pendueles.
 
  
  
 
 

«Mi generación va a ver avances muy claros

sobre cómo modificar los circuitos neuronales»


Pendueles (Llanes),
Rafael SARRALDE

El científico de origen asturiano Arturo Álvarez-Buylla Roces (México DF, 1958) ha recogido esta misma semana en Valencia el premio «Cátedra Santiago Grisolía» por una trayectoria que le ha convertido en uno de los grandes referentes mundiales de la neurobiología. Recientemente, un equipo internacional en el que figura este experto en regeneración neuronal y que trabaja en la Universidad de California, en San Francisco, publicó en «Science» un estudio con ratones sobre la migración de las neuronas hasta el bulbo olfatorio, es decir, hasta el lugar donde se establece el sentido del olfato. Este hallazgo podría contribuir a reparar o ayudar a que no avancen ciertas enfermedades neurodegenerativas. Álvarez-Buylla -hijo del fisiólogo ovetense Ramón Álvarez-Buylla y nieto, por parte materna, del ex senador Wenceslao Roces-, habló ayer sobre este trabajo en unas jornadas científicas sobre el sistema olfativo celebradas en la casona de Verines, en Pendueles (Llanes). Minutos antes de su conferencia atendió a LA NUEVA ESPAÑA.

-¿El cerebro sigue siendo el gran desconocido de la ciencia?
-Sigue siendo la gran incógnita. Aún no entendemos cómo es capaz de hacer tantas maravillas. Si usted ve a un futbolista tirar a gol, verá que en los últimos instantes, pequeños movimientos de músculos en sus piernas determinan la dirección del balón. Es impresionante ver a la velocidad que sucede eso. O piense en un pájaro volando. Estamos rodeados de pequeñas maravillas del sistema nervioso y ni nos aproximamos a entender cómo las hace. Piense también en el olfato. La capacidad de discriminación y de sensibilidad de un perro detectando un rastro es apasionante.
-¿Somos lo que es nuestro cerebro?

-En gran parte sí. Para el ser humano, lo más importante es el sistema nervioso, aunque algunos funcionan con otras partes del organismo. Lo que da identidad al humano es su cerebro, su comportamiento y eso se relaciona con el aspecto físico. Además, el cerebro es nuestra arma de diversión. La felicidad de una persona está basada en las concepciones que maneja a través del sistema nervioso.
-¿El conocimiento del cerebro es nuestro billete para alcanzar la felicidad?

-Para mí, como científico, cualquier fuente de conocimiento me hace más feliz. Si nos comparamos con la gente que habitaba este planeta hace cien años, deberíamos preguntarnos qué es lo que más nos ha enriquecido: ¿tener un coche más grande?, ¿una casa más elegante?
-Usted dirá.
-Lo que nos enriquece, a mi juicio, es tener una conciencia más clara de quiénes somos y dónde estamos. Lo que me preocupa es que nos vamos a ir de aquí sin saber qué tipo de conciencia general del conocimiento van a tener los humanos dentro de otros cien años. Es un problema que me apasiona. En el siglo pasado dimos un salto gigantesco en el conocimiento gracias a estudios como la teoría de la relatividad, el entendimiento del átomo o cómo empieza a desarrollarse un embrión. Es impresionante el concepto que tenemos de la vida con respecto al de hace cien años. Pero la gente no se da cuenta de esta riqueza que, a veces, es mucho mayor que toda la terapia que se pueda desarrollar.
-¿Por qué hemos renunciado a ese conocimiento?
-Porque tenemos una perspectiva histórica muy corta y damos todo por hecho sin reparar en los antecedentes. Pero cuidado, también es muy peligroso pensar que ahora lo sabemos todo.
-Alguien habló del cerebro como la máquina perfecta del universo. ¿Suscribe la frase?

-No. La definición de perfección es demasiado absoluta y nosotros somos un eslabón más dentro de un proceso evolutivo. Yo veo a menudo las limitaciones de mi sistema nervioso. A veces me gustaría tener la capacidad de una calculadora.
-¿La memoria de una máquina?

-Sí, pero, por otro lado, los humanos tenemos una capacidad de relación mucho más poderosa que una calculadora o una computadora. Con unas cuantas células tenemos la capacidad de organizarnos como máquinas, lo que no hace una computadora. Pero somos un eslabón más. Puede haber sistemas nerviosos más evolucionados y sofisticados que el nuestro. No somos muy distintos a muchos animales.
-Hace unos meses publicó en «Science» un artículo que describe la migración de las neuronas al bulbo olfativo. ¿Cómo se produce ese viaje?

-Es un viaje muy largo. Pequeñas células en un ratón se mueven entre tres y ocho milímetros. Es una distancia muy grande para lo que las células migran habitualmente en el adulto. Estas migraciones seguramente suceden en perros o elefantes, en cerebros mucho más grandes. Una de las cuestiones más interesantes es saber cómo se guiaban, cómo se orientaban en distancias tan enormes. Nuestro trabajo reciente plantea un nuevo mecanismo inesperado en cuanto a que el epitelio que forma esa pared contenga cierta información vectorial que ayude a orientar esas células.
-¿De qué forma contribuirá este estudio a la lucha contra enfermedades neuronales?
-Es importante hacer hincapié entre la gente interesada en el conocimiento que lo peor es la ignorancia y es necesario que sepan que nuestro estudio es un pequeño avance para entender cómo el sistema nervioso maneja células y las mueve hacia lugares específicos. El bulbo olfatorio nos ha dado un ejemplo en roedores de cómo es posible reemplazar elementos nerviosos y esto abre una serie de posibilidades que no se planteaban antes porque se pensaba que el sistema nervioso no era capaz de reemplazar células. El hecho de que haya circuitos neuronales, que además funcionan muy bien y son capaces de hacer cosas impresionantes en cuanto a discriminación y memoria y que estos circuitos sean dinámicos y puedan tirar neuronas y poner nuevas, quiere decir que cuando aprendamos esto será posible hacerlo en otros circuitos en los cuales mueren células.
-¿Será una labor sencilla?
-No va a ser fácil porque las células que se reemplazan en el adulto son un tipo específico de interneuronas de células locales. Muchas veces en enfermedades neurodegenerativas se pierde no solamente esas células sino también otras. En la Universidad de California estamos trabajando precisamente sobre cómo y qué tipo de células podemos modificar y reemplazar en un animal adulto de forma terapéutica.
-El problema es trasladar este estudio a seres humanos.
-Claro. Hay que trabajar con mucho cuidado porque no estamos jugando con los circuitos de un cerebro humano. Hay que estar seguros de que estas células incorporadas tienen un potencial útil y no van a causar problemas.
-¿Ésa es una tarea para otra generación de científicos?
-¡No soy tan viejo! Espero poder hacer algo también. Pienso que en mi generación vamos a ver avances muy claros sobre cómo modificar circuitos neuronales. Aunque toda la tecnología asociada a esta labor es otro paso y eso probablemente no lo haga yo. Deberá haber un desarrollo industrial para diseñar células suficientes para los pacientes.
-Usted auguraba hace unos años una explosión del conocimiento del cerebro. ¿Ha empezado ya la fiesta?
-Seguro. Si abre cualquier revista de difusión general verá que cada día hay alguna sorpresita, alguna cosas interesantes sobre el funcionamiento del sistema nervioso. Estamos en una época extremadamente excitante en cuanto a la investigación científica del sistema nervioso. La década pasada fue la década del cerebro, pero nos va a llevar un siglo dar un paso muy importante para modelar y entender cómo se desarrolla el sistema nervioso.
-¿Y España participará de la fiesta?

-Acabo de recibir el premio de la cátedra Grisolía en Valencia y vengo impresionado del avance científico de esa región. Hay institutos nuevos y gente con mucho interés, entusiasmo y creatividad.
-¿Ramón y Cajal está más presente que nunca?
-Se le sigue citando y yo lo hago a menudo. Pero no hay que hacer dioses de la ciencia. Cajal, como todos, tuvo aciertos, pero también interpretaciones equivocadas. Es muy importante hacer ver a los jóvenes que la ciencia no se trata de personas sino de conocimiento. Vivimos en una esfera en la que estamos intentando romper las barreras de lo que se desconoce y eso no es una labor de unas pocas personas.
-Algunos científicos se han convertido en celebridades mediáticas.
-La parte negativa es crear figuras cuando la ciencia es un trabajo colectivo. Los reconocimientos son injustos a veces porque hay científicos de mucho calibre que no tienen fama porque, a lo mejor, no han ganado el Nobel. La gente debe saber que no hay un contraste tan grande entre las llamadas celebridades y otros científicos. El avance de la ciencia se apoya en el trabajo de muchísimas personas anónimas.
-¿Veremos pronto una terapia curativa para enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer o el párkinson?
-Antes van a aparecer terapias de mayor poder en cuanto al diagnóstico y podremos entender, dentro de estas enfermedades, el conjunto de alteraciones que hay. No hablamos de una sola enfermedad sino de varios tipos distintos de enfermedad y para atacarlas hay que que entenderlas bien. Es prematuro saber si la terapia celular va a ser el medio para atacar estas enfermedades, pero es una vía. En el caso del párkinson ya se han intentado los trasplantes de células embrionarias con suertes desiguales. Yo sí creo que la terapia celular va a tener su lugar porque llega un momento en el que las terapias moleculares, por fármacos, no pueden sustituir a células que han muerto.

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