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9 de Mayo, 2006

El cerebro de las personas que aprenden otro idioma con facilidad es diferente

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 19:11, Categoría: General

NEUROIMAGEN

El cerebro de las personas que aprenden otro idioma con facilidad es diferente

Vista del surco parietooccipital de los sujetos que aprendían rápido (rojo) y los lentos (azul). (Imagen: extraída del estudio)

Vista del surco parietooccipital de los sujetos que aprendían rápido (rojo) y los lentos (azul). (Imagen: extraída del estudio)

AMÉRICA VALENZUELA

La facilidad para aprender idiomas no está sólo marcada por un buen método de enseñanza sino también por ciertas particularidades en el cerebro. Así lo sugiere un trabajo realizado por neurocientíficos del University College de Londres.

El estudio, publicado por la revista 'Cerebral Cortex', indica que el cerebro de aquellos que tienen un don especial para reconocer y distinguir sonidos de un idioma diferente al propio es menos simétrico de lo habitual y tiene más materia blanca que los cerebros de las personas con una facilidad discreta para aprender nuevas lenguas.

La materia blanca está compuesta por fibras que conectan unas partes del encéfalo con otras. Un mayor volumen de sustancia blanca -bien porque haya mayor cantidad de 'cables' o bien porque éstos sean más gruesos debido a una mayor cantidad de mielina, sustancia que equivale al aislante del cable que evita pérdidas de corriente- implica mayor eficiencia a la hora de procesar información.

Las imágenes obtenidas por resonancia magnética revelan que los sujetos que aprendían más rápido tenían más materia blanca en el área de Heschl -parte de la corteza cerebral relacionada con la audición- situada en el hemisferio izquierdo. De esta forma, lo más probable es que una gran cantidad de materia blanca aumente la capacidad para procesar sonidos.

Las imágenes también denotan diferencias de la posición de esta región en el hemisferio derecho, así como una gran asimetría en el volumen de los lóbulos parietales, relacionados con el procesamiento de sonidos procedentes del discurso.

En el estudio participaron 65 sujetos cuya lengua materna era el francés. Se les instó a distinguir entre dos sonidos similares pero que pertenecían a diferentes lenguas. Pronunciaron la sílaba 'da' en francés, es decir, con la punta de la lengua contra los dientes superiores. El otro sonido era 'da' en hindi, es decir, pronunciado con la lengua curvada y apoyada en el paladar.

Las diferencias entre estos dos sonidos se encontraban en los primeros 40 milisegundos. Los investigadores probaron la velocidad a la que los participantes podían procesar la información. Aquellos que identificaron correctamente más del 80% de los sonidos continuaron el experimento y se les pidió que discriminaran entre sonidos más parecidos todavía.

Entre los que mejor distinguían los sonidos había algunos que en unos pocos minutos cogían 'el truquillo'. En cambio, los torpes sólo fueron capaces de acertar algunas veces en la primera tanda de sonidos (la fácil) y tras alrededor de 20 minutos de 'entrenamiento'.

La autora del estudio, la doctora Narly Golestani del Instituto de Ciencias Cognitivas de la citada Universidad, asegura que la información obtenida a través de las imagenes del estudio permite afirmar que la forma y estructura del cerebro proporciona información sobre ciertas habilidades y patologías del ser humano. "Estos escáneres ofrecen evidencias de por qué unas personas son buenas en alguna actividad y otras no", señala. Gracias a ello, quizá en un futuro podamos hacer predicciones sobre qué personas son más aptas para realizar ciertas actividades.

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La felicidad se encuentra en el cerebro

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 19:06, Categoría: General

http://www.derf.com.ar/despachos.asp?cod_des=77753&ID_Seccion=52

La felicidad se encuentra en el cerebro
Cerebro
Cerebro
[05/05 | 15:00 ] Ni en el dinero ni en el amor.
El Hombre lleva miles de años buscando la fórmula de la felicidad.
Bebedizos, hechizos, paraísos artificiales, ensayos literarios, etc los métodos utilizados para alcanzar este estado deseado han sido innumerables y el resultado, en casi todos los casos, ha sido siempre el mismo.

“Son pocos los que han logrado la conquista de la felicidad e, incluso, los que lo hacen, sólo se dan cuenta más tarde”, ha matizado Krigelbach.

Sin embargo, “la neurociencia de la felicidad y el bienestar están dando sus primeros pasos”, ha asegurado Krigelbach, quien ha situado el foco de la investigación neuronal de la felicidad en dos aspectos fundamentales: el placer y el deseo.

“La noción de recompensa es un elemento central en estos dos estados de ánimo, y así lo confirman los estudios con animales realizados por psicólogos conductistas desde el siglo pasado”, ha explicado este colaborador de la BBC.

A mediados del siglo XX, varios experimentos con ratas demostraron que repetían una determinada conducta cuando estas se asociaban a un estímulo cerebral.

Esto, en la práctica, dibujaba un paisaje protagonizado por una rata con electrodos en la cabeza, que empujaba de manera compulsiva –hasta 200 veces por hora- una palanca que le producía pequeñas y estimulantes descargas.

Pues bien, estos primeros experimentos –realizados por los doctores James Olds y Peter Milner- permitieron localizar el centro del placer en el cerebro en la misma región afectada por el mal de Parkinson.


Placer o deseo
Hoy, un estudio de la Universidad de Michigan ha tomado el relevo de Olds y Milner.

Según su director, el científico Kent Berridge, aquellos primitivos electrodos lo que hacían era activar las regiones relacionadas con el deseo, más que con el placer.

De esta manera, lo que hacía Berridge era establecer una diferencia fundamental entre “deseo” y “placer”, o entre “querer” y “gustar”.

No obstante, “el placer y el deseo son emociones muy complejas en el hombre”, ha matizado Krigelbach.

Placer sin deseo
Así pues, las investigaciones neurocientíficas se centran en la actualidad en el denominado córtex orbitofrontal –porción que muestra un desarrollo evolutivo más reciente en los humanos-, que tiene conexiones con el sistema de dopamina –sustancia segregada con el deseo- y con el opioideo –expulsada con el placer-.

Según Krigelbach, “las actuales imágenes neurológicas permiten comprobar que este córtex cuenta con áreas de placer verificables”, independientes de las del deseo.

Pues bien, sería precisamente en estas áreas donde se halla la pretendida felicidad.

¿Qué concluyen, en definitiva, estas investigaciones?

Pues, fundamentalemente, que ante determinadas recompensas se produce una actividad cerebral en estas áreas que provoca la sensación de felicidad.

De esta forma, si se verifica que la felicidad es un mero estado de placer sin deseo, de satisfacción cuantificable e indiferencia, “es posible que los neurocientíficos encuentren algún día la receta para alcanzar este estado”, ha asegurado Krigelbach.

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Descubren un origen biológico del miedo en partes del cerebro que se activan con el dolor

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 19:00, Categoría: General

http://www.azprensa.com/noticias_ext.php?idreg=22291&AZPRENSA=c2e3325e456236bf94e4d2902cc0fd80

Descubren un origen biológico del miedo en partes del cerebro que se activan con el dolor

En el estudio los investigadores utilizaron técnicas de imagen para determinar la localización cerebral
Redacción, Madrid.- Investigadores de la Universidad de Emory en Atlanta (Estados Unidos) han localizado un origen biológico real del "miedo" en partes del cerebro activadas por el dolor. Las conclusiones del estudio se publican en la revista Science.

Durante el estudio con descargas eléctricas suaves administradas en los pies de algunos participantes, los investigadores identificaron la existencia de sujetos que no soportaban esperar el momento de la descarga y que preferían una sacudida mayor pero por la que tuvieran que esperar menos tiempo.

Los científicos utilizaron una técnica de imágenes cerebrales y descubrieron que la actividad neural en partes del sistema del dolor aumentaban en extremo en los que temían esperar el momento de la descarga pero no en los que no se mostraban temerosos ante la espera. La localización anatómica del "temor" sugiere que éste podría ser la atención del cerebro sobre el dolor que se prevé en vez de una respuesta de miedo o ansiedad.

Según George Loewenstein de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, autor de un artículo que glosa el estudio, "la información de que la persona va a recibir una descarga eléctrica, como la descarga por sí misma, parece provocar angustia".

La idea de que las personas obtienen placer y dolor que procede directamente de la información, en vez de proceder de cualquier beneficio material que la información procure tiene implicaciones para la toma de decisiones en la atención clínica y el mercado de acciones, entre otras actividades económicas, señala Loewenstein.

En el estudio los investigadores utilizaron técnicas de imagen para determinar la localización cerebral
Redacción, Madrid.- Investigadores de la Universidad de Emory en Atlanta (Estados Unidos) han localizado un origen biológico real del "miedo" en partes del cerebro activadas por el dolor. Las conclusiones del estudio se publican en la revista Science.

Durante el estudio con descargas eléctricas suaves administradas en los pies de algunos participantes, los investigadores identificaron la existencia de sujetos que no soportaban esperar el momento de la descarga y que preferían una sacudida mayor pero por la que tuvieran que esperar menos tiempo.

Los científicos utilizaron una técnica de imágenes cerebrales y descubrieron que la actividad neural en partes del sistema del dolor aumentaban en extremo en los que temían esperar el momento de la descarga pero no en los que no se mostraban temerosos ante la espera. La localización anatómica del "temor" sugiere que éste podría ser la atención del cerebro sobre el dolor que se prevé en vez de una respuesta de miedo o ansiedad.

Según George Loewenstein de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, autor de un artículo que glosa el estudio, "la información de que la persona va a recibir una descarga eléctrica, como la descarga por sí misma, parece provocar angustia".

La idea de que las personas obtienen placer y dolor que procede directamente de la información, en vez de proceder de cualquier beneficio material que la información procure tiene implicaciones para la toma de decisiones en la atención clínica y el mercado de acciones, entre otras actividades económicas, señala Loewenstein.

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Las claves son cultivar los afectos y evitar problemas

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 18:56, Categoría: General

http://www.lanacion.com.ar/804029

Las claves son cultivar los afectos y evitar problemas

Los científicos debaten si es bueno estimular a personas sanas

Gracias a los estudios que pueden obtener imágenes del cerebro en funcionamiento, los investigadores hoy pueden echar luz sobre cuáles son los caminos neuronales de las emociones y formular hipótesis que complementan y profundizan los conocimientos obtenidos a partir de la introspección sobre cuáles son las raíces de la felicidad.

“Con estudios de tomografía por emisión de positrones hemos demostrado cómo la parte cortical del lóbulo frontal está involucrada en la percepción de objetos que son agradables, mientras que zonas del cerebro subcortical, como la amígdala, están conectadas con la percepción de objetos que son feos, malos. Esa observación me hizo pensar que es más importante filogenéticamente, para la supervivencia, reconocer los peligros y las cosas feas, y por eso éstas están conectadas con el cerebro más antiguo”, comenta el doctor Sergio Paradiso, de la Universidad de Iowa, Estados Unidos.

“Cuando nos hicimos humanos, con el desarrollo de la corteza frontal, tuvimos más posibilidades de ponernos en contacto con aspectos más hedónicos de la vida y del ambiente. De modo que para disfrutar situaciones como comer o copular, tenemos el lóbulo frontal, y el cerebro subcortical, más antiguo, se conecta más con la satisfacción primaria.”

Según Paradiso, el ser humano parece ser el único capaz de sentir felicidad. “Seguramente hay emociones positivas en los monos o en los perros, pero esas condiciones se distinguen de la felicidad porque se relacionan con un bienestar sensorial, corpóreo –reflexiona–. Es muy posible que la felicidad humana haya evolucionado en cierto modo de los sentimientos más básicos de los animales. Pero creo que los humanos somos los que tenemos emociones más desarrolladas. A mi modo de ver, la felicidad es un sentimiento hedónico de apreciación estética, que está conectado íntimamente con la especie humana.”

En cambio, para Mariano Sigman, profesor de la carrera de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, “se sabe muy poco sobre las emociones de los animales, pero los animales se ríen o parecen reírse, y frente a situaciones parecidas a las que nos hacen reír a nosotros. Lo que sí es cierto es que la emoción positiva, la alegría o la risa son cognitivamente más complejas que emociones negativas como la tristeza o el enojo. De hecho, un bebe llora antes de reír”.

Según Sigman, todas estas emociones están relacionadas con el aprendizaje, nos sirven para corroborar qué camino seguir: si algo nos duele, cambiamos de ruta. La tristeza y las emociones negativas serían más primitivas, porque nos ayudan a sobrevivir. “La alegría es una especie de horizonte –afirma–, el lugar hacia donde ir.”

Estados intermedios

Sin embargo, agrega el investigador, cuando uno quiere categorizar las emociones, se encuentra con que hay estados que no están bien definidos. “Por ejemplo, hay momentos en que estamos un poco alegres y un poco tristes, o en que la risa se transforma en llanto –explica–. A pesar de que se identificaron áreas específicas relacionadas con cada emoción, parece haber otras que son comunes a todas.”

Y finaliza: “Para mí, la risa, tal como el humor o la metáfora, es un juego, algo así como la evocación de un sentimiento”.

Una frase hecha asegura que de evitar problemas se compone la felicidad. Paradiso coincide: “Seguramente, la alegría depende de nuestra capacidad para conectarnos con nuestros hijos, con nuestros padres, con los amigos, de modo que nuestra posibilidad de ser felices está relacionada con nuestra capacidad social, de tener placer y de resolver conflictos. Cuanto más uno sepa solucionar problemas, tanto más feliz será”.

¿Seremos más felices en el futuro, cuando se desentrañen los vericuetos neuronales que lo hacen posible? ¿Podrá estimularse una felicidad mayor en individuos sanos? Y si así fuera, teniendo en cuenta la enorme producción filosófica y estética surgida de seres angustiados, ¿seremos mejores?

“Hay estudios que muestran en mujeres que, cuando sienten alegría, disminuye la actividad en el área frontal del cerebro, que interviene en la toma de decisiones –cuenta el doctor Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva–. Se podría decir que cuando uno está alegre se pone un poco «tonto». La alegría frena la planificación.”

Pero Fernando Savater, en su prólogo a una obra de Bertrand Russell, se muestra escéptico: “No sé si en el siglo XX la gente ha sido más o menos feliz que en otras épocas. No hay estadísticas fiables de la dicha (por ejemplo, ¿nos hace más felices la televisión o el fax?)”, escribe. Y más adelante agrega, mordaz: “En cuanto a conquistar la felicidad, la felicidad propiamente dicha... sobre eso no me haría yo demasiadas ilusiones”.

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«El cerebro sigue siendo la gran incógnita»

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 18:52, Categoría: General

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1265&pIdSeccion=46&pIdNoticia=401786

«El cerebro sigue siendo la gran incógnita»
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Arturo Álvarez-Buylla, ayer, delante de la casona de Verines, en Pendueles.
 
  
  
 
 

«Mi generación va a ver avances muy claros

sobre cómo modificar los circuitos neuronales»


Pendueles (Llanes),
Rafael SARRALDE

El científico de origen asturiano Arturo Álvarez-Buylla Roces (México DF, 1958) ha recogido esta misma semana en Valencia el premio «Cátedra Santiago Grisolía» por una trayectoria que le ha convertido en uno de los grandes referentes mundiales de la neurobiología. Recientemente, un equipo internacional en el que figura este experto en regeneración neuronal y que trabaja en la Universidad de California, en San Francisco, publicó en «Science» un estudio con ratones sobre la migración de las neuronas hasta el bulbo olfatorio, es decir, hasta el lugar donde se establece el sentido del olfato. Este hallazgo podría contribuir a reparar o ayudar a que no avancen ciertas enfermedades neurodegenerativas. Álvarez-Buylla -hijo del fisiólogo ovetense Ramón Álvarez-Buylla y nieto, por parte materna, del ex senador Wenceslao Roces-, habló ayer sobre este trabajo en unas jornadas científicas sobre el sistema olfativo celebradas en la casona de Verines, en Pendueles (Llanes). Minutos antes de su conferencia atendió a LA NUEVA ESPAÑA.

-¿El cerebro sigue siendo el gran desconocido de la ciencia?
-Sigue siendo la gran incógnita. Aún no entendemos cómo es capaz de hacer tantas maravillas. Si usted ve a un futbolista tirar a gol, verá que en los últimos instantes, pequeños movimientos de músculos en sus piernas determinan la dirección del balón. Es impresionante ver a la velocidad que sucede eso. O piense en un pájaro volando. Estamos rodeados de pequeñas maravillas del sistema nervioso y ni nos aproximamos a entender cómo las hace. Piense también en el olfato. La capacidad de discriminación y de sensibilidad de un perro detectando un rastro es apasionante.
-¿Somos lo que es nuestro cerebro?

-En gran parte sí. Para el ser humano, lo más importante es el sistema nervioso, aunque algunos funcionan con otras partes del organismo. Lo que da identidad al humano es su cerebro, su comportamiento y eso se relaciona con el aspecto físico. Además, el cerebro es nuestra arma de diversión. La felicidad de una persona está basada en las concepciones que maneja a través del sistema nervioso.
-¿El conocimiento del cerebro es nuestro billete para alcanzar la felicidad?

-Para mí, como científico, cualquier fuente de conocimiento me hace más feliz. Si nos comparamos con la gente que habitaba este planeta hace cien años, deberíamos preguntarnos qué es lo que más nos ha enriquecido: ¿tener un coche más grande?, ¿una casa más elegante?
-Usted dirá.
-Lo que nos enriquece, a mi juicio, es tener una conciencia más clara de quiénes somos y dónde estamos. Lo que me preocupa es que nos vamos a ir de aquí sin saber qué tipo de conciencia general del conocimiento van a tener los humanos dentro de otros cien años. Es un problema que me apasiona. En el siglo pasado dimos un salto gigantesco en el conocimiento gracias a estudios como la teoría de la relatividad, el entendimiento del átomo o cómo empieza a desarrollarse un embrión. Es impresionante el concepto que tenemos de la vida con respecto al de hace cien años. Pero la gente no se da cuenta de esta riqueza que, a veces, es mucho mayor que toda la terapia que se pueda desarrollar.
-¿Por qué hemos renunciado a ese conocimiento?
-Porque tenemos una perspectiva histórica muy corta y damos todo por hecho sin reparar en los antecedentes. Pero cuidado, también es muy peligroso pensar que ahora lo sabemos todo.
-Alguien habló del cerebro como la máquina perfecta del universo. ¿Suscribe la frase?

-No. La definición de perfección es demasiado absoluta y nosotros somos un eslabón más dentro de un proceso evolutivo. Yo veo a menudo las limitaciones de mi sistema nervioso. A veces me gustaría tener la capacidad de una calculadora.
-¿La memoria de una máquina?

-Sí, pero, por otro lado, los humanos tenemos una capacidad de relación mucho más poderosa que una calculadora o una computadora. Con unas cuantas células tenemos la capacidad de organizarnos como máquinas, lo que no hace una computadora. Pero somos un eslabón más. Puede haber sistemas nerviosos más evolucionados y sofisticados que el nuestro. No somos muy distintos a muchos animales.
-Hace unos meses publicó en «Science» un artículo que describe la migración de las neuronas al bulbo olfativo. ¿Cómo se produce ese viaje?

-Es un viaje muy largo. Pequeñas células en un ratón se mueven entre tres y ocho milímetros. Es una distancia muy grande para lo que las células migran habitualmente en el adulto. Estas migraciones seguramente suceden en perros o elefantes, en cerebros mucho más grandes. Una de las cuestiones más interesantes es saber cómo se guiaban, cómo se orientaban en distancias tan enormes. Nuestro trabajo reciente plantea un nuevo mecanismo inesperado en cuanto a que el epitelio que forma esa pared contenga cierta información vectorial que ayude a orientar esas células.
-¿De qué forma contribuirá este estudio a la lucha contra enfermedades neuronales?
-Es importante hacer hincapié entre la gente interesada en el conocimiento que lo peor es la ignorancia y es necesario que sepan que nuestro estudio es un pequeño avance para entender cómo el sistema nervioso maneja células y las mueve hacia lugares específicos. El bulbo olfatorio nos ha dado un ejemplo en roedores de cómo es posible reemplazar elementos nerviosos y esto abre una serie de posibilidades que no se planteaban antes porque se pensaba que el sistema nervioso no era capaz de reemplazar células. El hecho de que haya circuitos neuronales, que además funcionan muy bien y son capaces de hacer cosas impresionantes en cuanto a discriminación y memoria y que estos circuitos sean dinámicos y puedan tirar neuronas y poner nuevas, quiere decir que cuando aprendamos esto será posible hacerlo en otros circuitos en los cuales mueren células.
-¿Será una labor sencilla?
-No va a ser fácil porque las células que se reemplazan en el adulto son un tipo específico de interneuronas de células locales. Muchas veces en enfermedades neurodegenerativas se pierde no solamente esas células sino también otras. En la Universidad de California estamos trabajando precisamente sobre cómo y qué tipo de células podemos modificar y reemplazar en un animal adulto de forma terapéutica.
-El problema es trasladar este estudio a seres humanos.
-Claro. Hay que trabajar con mucho cuidado porque no estamos jugando con los circuitos de un cerebro humano. Hay que estar seguros de que estas células incorporadas tienen un potencial útil y no van a causar problemas.
-¿Ésa es una tarea para otra generación de científicos?
-¡No soy tan viejo! Espero poder hacer algo también. Pienso que en mi generación vamos a ver avances muy claros sobre cómo modificar circuitos neuronales. Aunque toda la tecnología asociada a esta labor es otro paso y eso probablemente no lo haga yo. Deberá haber un desarrollo industrial para diseñar células suficientes para los pacientes.
-Usted auguraba hace unos años una explosión del conocimiento del cerebro. ¿Ha empezado ya la fiesta?
-Seguro. Si abre cualquier revista de difusión general verá que cada día hay alguna sorpresita, alguna cosas interesantes sobre el funcionamiento del sistema nervioso. Estamos en una época extremadamente excitante en cuanto a la investigación científica del sistema nervioso. La década pasada fue la década del cerebro, pero nos va a llevar un siglo dar un paso muy importante para modelar y entender cómo se desarrolla el sistema nervioso.
-¿Y España participará de la fiesta?

-Acabo de recibir el premio de la cátedra Grisolía en Valencia y vengo impresionado del avance científico de esa región. Hay institutos nuevos y gente con mucho interés, entusiasmo y creatividad.
-¿Ramón y Cajal está más presente que nunca?
-Se le sigue citando y yo lo hago a menudo. Pero no hay que hacer dioses de la ciencia. Cajal, como todos, tuvo aciertos, pero también interpretaciones equivocadas. Es muy importante hacer ver a los jóvenes que la ciencia no se trata de personas sino de conocimiento. Vivimos en una esfera en la que estamos intentando romper las barreras de lo que se desconoce y eso no es una labor de unas pocas personas.
-Algunos científicos se han convertido en celebridades mediáticas.
-La parte negativa es crear figuras cuando la ciencia es un trabajo colectivo. Los reconocimientos son injustos a veces porque hay científicos de mucho calibre que no tienen fama porque, a lo mejor, no han ganado el Nobel. La gente debe saber que no hay un contraste tan grande entre las llamadas celebridades y otros científicos. El avance de la ciencia se apoya en el trabajo de muchísimas personas anónimas.
-¿Veremos pronto una terapia curativa para enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer o el párkinson?
-Antes van a aparecer terapias de mayor poder en cuanto al diagnóstico y podremos entender, dentro de estas enfermedades, el conjunto de alteraciones que hay. No hablamos de una sola enfermedad sino de varios tipos distintos de enfermedad y para atacarlas hay que que entenderlas bien. Es prematuro saber si la terapia celular va a ser el medio para atacar estas enfermedades, pero es una vía. En el caso del párkinson ya se han intentado los trasplantes de células embrionarias con suertes desiguales. Yo sí creo que la terapia celular va a tener su lugar porque llega un momento en el que las terapias moleculares, por fármacos, no pueden sustituir a células que han muerto.

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El temor vive en el cerebro

Por philosophico - 9 de Mayo, 2006, 18:46, Categoría: General

http://www.elcaribecdn.com/articulo_caribe.aspx?id=85239&guid=E7FC43F1FF2744BABD5290F6F968FC83&Seccion=13

El temor vive en el cerebro
Las expectativas son tan pavorosas como el evento
Por Glenys Alvarez / El Caribe
Lunes 8 de mayo del 2006 actualizado el domingo 7 de mayo del 2006 a las 10:47 PM
Científicos aseguran que esperar algo que tememos activa las mismas regiones en el cerebro que funcionan cuando experimentamos el dolor o la pena emocional verdaderos.
Melania espera donde el dentista su primer tratamiento de canal. Llevó un libro para distraerse pero su mente sólo piensa en el procedimiento, en la inyección y en el dolor que estará recibiendo en unos momentos, la espera le parece interminable y sólo quiere salir de eso porque aquel sentimiento es realmente paralizador.

Ciertamente, todos sabemos que la horrorosa espera de un acontecimiento que tememos parece nunca terminar; sin embargo, la ciencia nunca había estudiado lo que ocurría en el cerebro durante esos insoportables minutos en que las expectativas juegan el rol del miedo y nos torturan con pensamientos de lo que podría pasar en unos minutos.
Pero esta semana, el primer estudio sobre las expectativas al temor ha descubierto actividades en el cerebro que se asemejan, en demasía, al dolor que experimentamos cuando el evento está ocurriendo.

Pensaríamos, por supuesto, que la inyección dolerá más que nuestras expectativas, pero, al parecer, el cerebro nos juega un truco bien barato a la hora de torturarnos con esos pensamientos.
“Cuando una persona se sienta en la sala de un médico para esperar algo que será doloroso, su personalidad puede que lo haga padecer un momento peor de lo que realmente ocurrirá. Ese momento de temor que sentimos activa las mismas regiones de dolor en el cerebro. Es impresionante”, comentó en el diario científico Science el investigador Gregory Berns de la Universidad Emory. 

Los investigadores afirman que sus resultados hablan muy bien de la distracción y permitirán que las personas formulen estrategias a la hora que tengan que esperar por un evento emocional penoso o que ineludiblemente les causará dolor. De hecho, las investigaciones sobre los estudios del pánico también favorecen a la distracción como un evento que podría eliminar el temor a lo que nos espera.

“Somos criaturas del momento y el temor, y el dolor que esperamos sentir puede hacer que cambiemos de opinión respecto a nuestras vidas. Cualquier persona que le tema demasiado a lo que está a punto de ocurrir se irá del salón de espera si su cerebro le juega un truco doloroso”. Es lo que ellos llaman un ‘temeroso extremo’. 

Cuando la expectativa de algo muy doloroso se apodera de nuestras mentes, lo que ocurre es que la región compleja que se encarga de estas experiencias, especialmente el área que se enfoca en la región del cuerpo que sentirá el dolor, se activa intensamente y nos hace sentir ese temor tan parecido al dolor que esperamos.
Los temerosos extremos prefieren más dolor pero que sea rápido
Los científicos escanearon los cerebros de 32 voluntarios mientras esperaban un choque eléctrico.

Antes de la espera, los investigadores definieron un poco la intensidad del dolor y en cuáles partes de sus cuerpos lo sentirían, para agregar algo más de drama a sus expectativas.
Debido a los resultados del experimento, los investigadores decidieron dividir a los voluntarios en dos grupos: los temerosos y los temerosos extremos, que siempre sentín más pavor durante la espera.

“Cuando les ofrecíamos cargas con igual voltaje pero más tarde, la mayoría de los voluntarios preferían salir de eso ya”.

“Sin embargo, nueve de los voluntarios temían tanto al dolor que sentirían que preferían un corrientazo de más intensidad si la espera era reducida. Por eso decimos que esperar es tan horrendo como el mismo dolor que se espera”, explicó Berns.
El maravilloso poder de la distracción

Lo que ocurre es que cuando el cerebro se encuentra a la expectativa del dolor, las mismas áreas que se encargan de producirlo se activan. Es aún peor para los temerosos extremos pues en sus cerebros, la parte que se encarga de enfocarse en el lugar del cuerpo que sentirá el dolor se activa como si lo estuviese sintiendo.
“Creemos que este estudio puede brindar un poco de poder a estas personas. Saber lo que ocurre en su cerebro puede ayudarlo a buscar un entretenimiento que lo haga olvidar que dentro de un momento estará sintiendo el verdadero dolor que tanto teme”, dijo Tor Pager, de Columbia.

Científicos aseguran que esperar algo que tememos activa las mismas regiones en el cerebro que funcionan cuando experimentamos el dolor o la pena emocional verdaderos.
Melania espera donde el dentista su primer tratamiento de canal. Llevó un libro para distraerse pero su mente sólo piensa en el procedimiento, en la inyección y en el dolor que estará recibiendo en unos momentos, la espera le parece interminable y sólo quiere salir de eso porque aquel sentimiento es realmente paralizador.

Ciertamente, todos sabemos que la horrorosa espera de un acontecimiento que tememos parece nunca terminar; sin embargo, la ciencia nunca había estudiado lo que ocurría en el cerebro durante esos insoportables minutos en que las expectativas juegan el rol del miedo y nos torturan con pensamientos de lo que podría pasar en unos minutos.
Pero esta semana, el primer estudio sobre las expectativas al temor ha descubierto actividades en el cerebro que se asemejan, en demasía, al dolor que experimentamos cuando el evento está ocurriendo.

Pensaríamos, por supuesto, que la inyección dolerá más que nuestras expectativas, pero, al parecer, el cerebro nos juega un truco bien barato a la hora de torturarnos con esos pensamientos.
“Cuando una persona se sienta en la sala de un médico para esperar algo que será doloroso, su personalidad puede que lo haga padecer un momento peor de lo que realmente ocurrirá. Ese momento de temor que sentimos activa las mismas regiones de dolor en el cerebro. Es impresionante”, comentó en el diario científico Science el investigador Gregory Berns de la Universidad Emory. 

Los investigadores afirman que sus resultados hablan muy bien de la distracción y permitirán que las personas formulen estrategias a la hora que tengan que esperar por un evento emocional penoso o que ineludiblemente les causará dolor. De hecho, las investigaciones sobre los estudios del pánico también favorecen a la distracción como un evento que podría eliminar el temor a lo que nos espera.

“Somos criaturas del momento y el temor, y el dolor que esperamos sentir puede hacer que cambiemos de opinión respecto a nuestras vidas. Cualquier persona que le tema demasiado a lo que está a punto de ocurrir se irá del salón de espera si su cerebro le juega un truco doloroso”. Es lo que ellos llaman un ‘temeroso extremo’. 

Cuando la expectativa de algo muy doloroso se apodera de nuestras mentes, lo que ocurre es que la región compleja que se encarga de estas experiencias, especialmente el área que se enfoca en la región del cuerpo que sentirá el dolor, se activa intensamente y nos hace sentir ese temor tan parecido al dolor que esperamos.
Los temerosos extremos prefieren más dolor pero que sea rápido
Los científicos escanearon los cerebros de 32 voluntarios mientras esperaban un choque eléctrico.

Antes de la espera, los investigadores definieron un poco la intensidad del dolor y en cuáles partes de sus cuerpos lo sentirían, para agregar algo más de drama a sus expectativas.
Debido a los resultados del experimento, los investigadores decidieron dividir a los voluntarios en dos grupos: los temerosos y los temerosos extremos, que siempre sentín más pavor durante la espera.

“Cuando les ofrecíamos cargas con igual voltaje pero más tarde, la mayoría de los voluntarios preferían salir de eso ya”.

“Sin embargo, nueve de los voluntarios temían tanto al dolor que sentirían que preferían un corrientazo de más intensidad si la espera era reducida. Por eso decimos que esperar es tan horrendo como el mismo dolor que se espera”, explicó Berns.
El maravilloso poder de la distracción

Lo que ocurre es que cuando el cerebro se encuentra a la expectativa del dolor, las mismas áreas que se encargan de producirlo se activan. Es aún peor para los temerosos extremos pues en sus cerebros, la parte que se encarga de enfocarse en el lugar del cuerpo que sentirá el dolor se activa como si lo estuviese sintiendo.
“Creemos que este estudio puede brindar un poco de poder a estas personas. Saber lo que ocurre en su cerebro puede ayudarlo a buscar un entretenimiento que lo haga olvidar que dentro de un momento estará sintiendo el verdadero dolor que tanto teme”, dijo Tor Pager, de Columbia.

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