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«Cajal es el único español que figura en el panteón de los grandes de la ciencia»

Por philosophico - 29 de Marzo, 2006, 17:22, Categoría: General

http://servicios.elcorreodigital.com/vizcaya/pg060313/prensa/noticias/Sociedad/200603/13/VIZ-SOC-042.html

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON HISTORIADOR DE LA CIENCIA
«Cajal es el único español que figura en el panteón de los grandes de la ciencia»
«Si hubiera nacido en Alemania o el Reino Unido, habría tenido mucho antes los instrumentos que necesitaba y habría producido más»
Se cumple este año el centenario de la concesión del Premio Nobel de Medicina y Fisiología a Santiago Ramón y Cajal. «Fue un gigante de la ciencia», dice José Manuel Sánchez Ron, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y académico de la Lengua. El investigador aragonés es el primer y único Nobel científico español. Para recordar su figura y obra, el CIC Biogune ha organizado, en Bilbao y en colaboración con la Fundación BBVA, una serie de conferencias que hasta junio explorará los retos actuales de la biomedicina. Sánchez Ron ha abierto el ciclo con una disertación dedicada a 'Cajal y la ciencia internacional de su tiempo'.

-¿Cajal fue excepcional?

-Es el único científico español cuyo recuerdo superará el paso del tiempo. Es el único que figura en el panteón de los grandes de la ciencia de todos los tiempos. La cuestión es: ¿podemos sacar alguna consecuencia de eso?

-Por de pronto, que es triste que sólo haya un Nobel de ciencia español, porque no podemos contar como tal a Severo Ochoa, que lo recibió siendo estadounidense.

-Absolutamente. ¿Es Cajal una singularidad? En muchos sentidos, sí, porque su energía y creatividad son únicas. Pero hay algo que nos debe hacer reflexionar: Cajal tuvo maestros. Aureliano Maestre de San Juan le enseñó a mirar por el microscopio, y Luis Simarro, técnicas de tinción. ¿Qué quiere decir esto? Que no salió de la nada.

-En la España del XIX.

-El XIX es un siglo grandioso desde el punto de vista de la física, la química y las matemáticas. Sin embargo, cuando se mira a España en esas disciplinas, no se encuentra nada parecido, ni de lejos. La clave es que un país puede vivir -malamente, sin duda- al margen de la química, de la física, de las matemáticas... pero no puede hacerlo al margen de la medicina, de la salud pública. Y, en ese sentido, la España del siglo XIX tenía una tradición -pequeña, pero la tenía- de la que surge Cajal.

-Pero ha pasado un siglo y no hemos tenido otro Cajal.

-Efectivamente. Lo que se hizo con la escuela de Cajal fue un crimen. Tener una gigante de una rama de la ciencia es algo precioso porque no sólo es lo que él hace, sino también la escuela que crea. Cajal tuvo discípulos como Pío del Río Hortega, que se exilió; Francisco Tello, que fue su sucesor en la cátedra, fue depurado después de la Guerra Civil por izquierdista; Fernando de Castro fue marginado...

-La guerra acaba con esa escuela.

-Sí. Aún así, es posible encontrar, aunque ya de una manera indirecta, una cierta línea que vincula a Cajal con la bioquímica española que surge a partir de los años 50 y 60. Severo Ochoa, por ejemplo, estudió Medicina porque quería que le enseñase Cajal.

-Pero Cajal se jubiló antes de su ingreso en la Universidad.

-Efectivamente, efectivamente.

El cerebro precajaliano

-Hay una visión del cerebro anterior a Cajal y otra posterior.

-Cajal es uno de los grandes de la ciencia porque su contribución no es minúscula, precisamente. Uno de los logros del siglo XIX, en lo que se refiere a nuestra imagen de la vida, es la teoría celular, formulada por el médico y patólogo alemán Rudolf Virchow. Es el equivalente a la teoría atómica en la física. Cajal, por su parte, introduce la teoría atómica en el sistema nervioso, en el sentido de que hay unidades discretas del sistema nervioso, células, lo que luego se llaman neuronas.

-¿Hasta entonces qué se pensaba?

-La idea fundamental, que mantenía Camilo Golgi, era que la estructura del cerebro es un continuo, que no hay unidades discretas, que se trata de una materia continua en la que no podemos establecer separaciones. Cajal, por su parte, habla del cuerpo central de la neurona, las dentritas -que son como tentáculos- y los axones, que son los que transmiten los impulsos eléctricos. Nadie había conseguido antes ver las células nerviosas.

-Lo chocante es que Cajal comparte el Nobel con Golgi, cuya visión del cerebro es errónea.

-Por lo que sabemos, en alguno de los informes previos a la concesión del Nobel se decía que, si había que optar por uno, mejor por Cajal; que Golgi estaba adoptando el punto de vista equivocado, aunque había suministrado el instrumento precioso.

-La tinción, ¿no?

-Exacto. Es que no se trata sólo de coger el microscopio y mirar por él. Tienes que teñir y hacerlo de una manera diferenciada. El procedimiento cromoargéntico de Golgi, mejorado por Cajal, fue fundamental. Cajal lo reconoció siempre.

-La prensa española de la época se sorprende de que gane el Nobel un modesto profesor universitario, más conocido en el extranjero que aquí.

-Cuando en 1895 le nombran miembro de la Real Academia de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales, lo hacen porque uno de los académicos sale al extranjero, le preguntan por Cajal y, cuando dice que a quién se refieren, le responden que se trata de uno de los grandes de las neurociencias de la época. Vuelve, hace sus averiguaciones y le eligen académico.

-Algo así no podría suceder ahora.

-Sí. Pero es que España es un país sin tradición científica. Y la tradición científica no sólo consiste en que haya grandes científicos e instituciones, aunque eso sea importante, sino también en que el interés por la ciencia se inserte en la sociedad. Si ahora nos quejamos de que eso es una asignatura pendiente, imagínate en 1900, cuando el ejemplo de Cajal nos muestra que la ciencia se siente como algo ajeno.

-¿Cómo consigue Cajal abrirse él solo el camino en el extranjero?

-Es la energía de Cajal. La energía, la originalidad y la fuerza de Cajal son extraordinarias. Le da por la fotografía y es uno de los pioneros en la fotografía de color; le da por la pintura y es un magnífico pintor; le da por la gimnasia y se pone cuadrado... Tiene una vitalidad que explica que sea capaz, entre otras cosas, de sacrificar su bienestar y su familia.

-¿Es la familia su gran olvidada?

-No la gran olvidada, pero sí está dispuesto a retraer ingresos, que irían en bienestar de su familia, para fundar una revista y enviarla a los sabios extranjeros para que conocieran sus resultados. Eso cuesta dinero y no todo el mundo tiene la convicción y la dureza capaz para hacerlo.

Un individuo admirado

-¿Sigue siendo el científico más citado?

-Eso dicen; pero yo no me lo creo. Seguro que los cálculos son correctos, pero ¿quién cita los 'Principios matemáticos' de Newton o el artículo de Einstein sobre la relatividad especial? Eso no se hace. Lo que es indudable es que es un individuo admirado. Hace años, en la Autónoma de Madrid se daba el doctorado honoris causa a un Nobel de Medicina. Yo estaba allí y recuerdo que dijo: «Es la segunda vez que vengo a España. La primera fue para ir a Petilla de Aragón, porque allí es donde nació el maestro de todos nosotros».

-¿Qué hubiera sido de Cajal de haber nacido en un país científicamente puntero como Alemania?

-Si hubiera nacido en Alemania o el Reino Unido, habría tenido mucho antes los instrumentos que necesitaba, habría tenido más tiempo y habría producido más.

-El primer microscopio se lo compró de su bolsilllo.

-El primer buen microscopio se lo regalan por sus trabajos en la Diputación de Aragón, aunque antes se los había comprado de su bolsillo. Además, de haber nacido en Alemania o el Reino Unido, habría tenido cuando le correspondía, cuando tenía energía, un instituto de la que él habría sido -como era habitual entonces- el todopoderoso director y habría producido una obra mucho más grande. Cuando a Cajal el Gobierno, después del Nobel, le construye un gran instituto, él ya no tiene interés por eso. De hecho, lo piso pocas veces.

l.a.gamez@diario-elcorreo.com

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