El Blog

Calendario

<<   Diciembre 2005  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Categorías

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

29 de Diciembre, 2005

El cerebro humano continúa evolucionando

Por philosophico - 29 de Diciembre, 2005, 12:18, Categoría: General

http://elmundosalud.elmundo.es/elmundosalud/2005/12/28/neurociencia/1135795509.html

El cerebro humano continúa evolucionando

AMÉRICA VALENZUELA

El cerebro, el orgullo del género humano, el órgano más complejo de la naturaleza sigue evolucionando. Así lo considera un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago. Dos estudios publicados por la revista 'Science' exponen que unas variaciones concretas de un par de genes vinculados con el crecimiento del cerebro son cada vez más frecuentes entre la población actual.

"Ambos estudios indican que el tamaño del cerebro y su complejidad están aún aumentando", asegura el doctor Bruce Lahn, director de la investigación y profesor de genética humana en la Universidad de Chicago. De esta forma, la evolución del género humano no termina en el 'Homo Sapiens'. Dentro de miles de años un hombre diferente al actual poblará la Tierra.

El equipo ha observado un aumento en la frecuencia de ciertas variaciones de dos genes relacionados con el aumento del tamaño del cerebro. De acuerdo con la teoría de la evolución, primero se produce una mutación en algún individuo de la especie que le proporcione alguna ventaja a la hora de enfrentarse al entorno. Éste y todos aquellos que hereden y expresen esta mutación se verán favorecidos y sobrevivirán a los individuos no mutados. De este modo, la diferencia genética se expande entre todos los individuos de la especie.

Los investigadores se fijaron en las variaciones de dos genes, la microencefalina y el ASPM. El nombre de este último deriva de las siglas en inglés de 'anormalidad asociada con la microcefalia', defecto congénito que da lugar a un desarrollo menor de la cabeza y el cerebro.

Tras analizar el ADN de 90 células del Instituto Médico Coriell para la Investigación Médica de Candem (Nueva Jersey), en EEUU, --cuya colección representa toda la diversidad humana mundial--, encontraron que una nueva variante de microencefalina apareció hace 37.000 años y ahora la posee un 70% de la población. Por su parte, la nueva variante de ASPM apareció recientemente, hace 5.800 años y se encuentra en el 30% de la población.

Aparición del hombre moderno

De acuerdo con los autores, este espacio de tiempo es muy pequeño en términos evolutivos. El enorme porcentaje de población que posee estas variantes genéticas indica que éstas han sido sometidas a una gran presión de selección. Las fechas señalan que el fenómeno comenzó tras la aparición de los hombres modernos hace aproximadamente 200.000 años.

En concreto, las nuevas variantes de estos genes empezaron a imponerse a partir de las primeras manifestaciones culturales. La de la microcefalina llegó con el advenimiento de la música y el arte, las prácticas religiosas y las técnicas para construir herramientas sofisticadas, que irrumpieron en la vida de los humanos hace unos 50.000 años. La del ASPM coincide con la aparición de la civilización más antigua que se conoce: Mesopotamia, que data del año 7.000 a.C.

Lahn tiene claro que la coincidencia del estallido de los comportamientos artísticos y culturales con el comienzo del aumento de frecuencia de las variantes genéticas mencionadas tiene que ver con la adaptación del cerebro a los cambios del entorno.

Más rápido de lo esperado

"Nuestro ambiente y las habilidades que necesitamos para sobrevivir en él están cambiando más rápido de lo que habíamos imaginado", señala. El genetista confía en la sabiduría de la naturaleza y en que "el cerebro humano, que lo ha hecho bien durante tanto tiempo, se está adaptando a estos cambios".

Los investigadores sospechan que estos alelos debieron proporcionar algún tipo de ventaja relacionada probablemente con las capacidades cognitivas. Actualmente, el equipo está estudiando si los individuos que poseen estas variantes hoy en día presentan algún tipo de ventaja cognitiva sobre los que no los tienen en su base genética.

No obstante, Lahn es consciente de las limitaciones de su estudio ya que, además de los dos genes rastreados, existen muchísimos más implicados en el tamaño del cerebro.

"Ambos estudios indican que el tamaño del cerebro y su complejidad están aún aumentando", asegura el doctor Bruce Lahn, director de la investigación y profesor de genética humana en la Universidad de Chicago. De esta forma, la evolución del género humano no termina en el 'Homo Sapiens'. Dentro de miles de años un hombre diferente al actual poblará la Tierra.

El equipo ha observado un aumento en la frecuencia de ciertas variaciones de dos genes relacionados con el aumento del tamaño del cerebro. De acuerdo con la teoría de la evolución, primero se produce una mutación en algún individuo de la especie que le proporcione alguna ventaja a la hora de enfrentarse al entorno. Éste y todos aquellos que hereden y expresen esta mutación se verán favorecidos y sobrevivirán a los individuos no mutados. De este modo, la diferencia genética se expande entre todos los individuos de la especie.

Los investigadores se fijaron en las variaciones de dos genes, la microencefalina y el ASPM. El nombre de este último deriva de las siglas en inglés de 'anormalidad asociada con la microcefalia', defecto congénito que da lugar a un desarrollo menor de la cabeza y el cerebro.

Tras analizar el ADN de 90 células del Instituto Médico Coriell para la Investigación Médica de Candem (Nueva Jersey), en EEUU, --cuya colección representa toda la diversidad humana mundial--, encontraron que una nueva variante de microencefalina apareció hace 37.000 años y ahora la posee un 70% de la población. Por su parte, la nueva variante de ASPM apareció recientemente, hace 5.800 años y se encuentra en el 30% de la población.

Aparición del hombre moderno

De acuerdo con los autores, este espacio de tiempo es muy pequeño en términos evolutivos. El enorme porcentaje de población que posee estas variantes genéticas indica que éstas han sido sometidas a una gran presión de selección. Las fechas señalan que el fenómeno comenzó tras la aparición de los hombres modernos hace aproximadamente 200.000 años.

En concreto, las nuevas variantes de estos genes empezaron a imponerse a partir de las primeras manifestaciones culturales. La de la microcefalina llegó con el advenimiento de la música y el arte, las prácticas religiosas y las técnicas para construir herramientas sofisticadas, que irrumpieron en la vida de los humanos hace unos 50.000 años. La del ASPM coincide con la aparición de la civilización más antigua que se conoce: Mesopotamia, que data del año 7.000 a.C.

Lahn tiene claro que la coincidencia del estallido de los comportamientos artísticos y culturales con el comienzo del aumento de frecuencia de las variantes genéticas mencionadas tiene que ver con la adaptación del cerebro a los cambios del entorno.

Más rápido de lo esperado

"Nuestro ambiente y las habilidades que necesitamos para sobrevivir en él están cambiando más rápido de lo que habíamos imaginado", señala. El genetista confía en la sabiduría de la naturaleza y en que "el cerebro humano, que lo ha hecho bien durante tanto tiempo, se está adaptando a estos cambios".

Los investigadores sospechan que estos alelos debieron proporcionar algún tipo de ventaja relacionada probablemente con las capacidades cognitivas. Actualmente, el equipo está estudiando si los individuos que poseen estas variantes hoy en día presentan algún tipo de ventaja cognitiva sobre los que no los tienen en su base genética.

No obstante, Lahn es consciente de las limitaciones de su estudio ya que, además de los dos genes rastreados, existen muchísimos más implicados en el tamaño del cerebro.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

El entrenamiento cerebral puede reducir el dolor sin necesidad de medicamentos

Por philosophico - 29 de Diciembre, 2005, 12:17, Categoría: General

 

http://www.tendencias21.net/index.php?action=article&id_article=267977&preaction=nl&id=77143&idnl=8340

 

El entrenamiento cerebral puede reducir el dolor sin necesidad de medicamentos

Aunque no funciona en todos los individuos, la técnica puede derivar en nuevos tratamientos médicos

 

La actividad cerebral puede controlarse mentalmente para reducir el dolor, señala un estudio de la Universidad de Stanford. La técnica sólo funciona cuando las personas pueden contemplar en directo, mediante imágenes de resonancia magnética, la zona del cerebro relacionada con el dolor. Combinando esas imágenes con un entrenamiento mental adecuado, el dolor disminuye. El estudio demuestra que en determinadas circunstancias es posible “dominar” nuestra actividad cerebral y que, además, se puede en teoría controlar la intensidad del dolor que sentimos sin tener que usar medicación. La técnica abre nuevas vías a inéditos tratamientos médicos, aunque hay que tener en cuenta que no funciona por igual en todos los individuos y que el uso de las imágenes de resonancia magnética es caro. Por Yaiza Martínez.

 

 

Todos nosotros controlamos consciente e inconscientemente nuestro cerebro cada vez que iniciamos cualquier actividad, tenemos cualquier pensamiento o sentimos cualquier emoción o sensación. Hasta hace poco, no estaba muy claro hasta qué punto podía controlarse la actividad cerebral (o más concretamente la actividad en algunas regiones del cerebro muy específicas), ni el impacto que ese control podría tener sobre nosotros.

En el cerebro hay regiones muy bien definidas que son las responsables de nuestras percepciones de dolor. Un estudio realizado por un grupo de investigadores norteamericanos ha intentado responder a dos cuestiones básicas: ¿podemos aprender a controlar una región del cerebro llamada la corteza cingulada anterior, relacionada con nuestra percepción del dolor? ¿Este control aprendido afectaría tanto a enfermos con dolores crónicos como a gente sana a la que se ocasionara un dolor puntual?

El experimento ha contestado a ambas cuestiones afirmativamente: se puede enseñar a controlar la actividad de las regiones del cerebro relacionadas con el dolor, y reducir de esta forma esta desagradable sensación. Esta prueba ha sido realizada por Chistopher de Charms, investigador principal de
Omneuron, una empresa de San Francisco especializada en conocer con imágenes de resonancia magnética la actividad cerebral para entrenar a los pacientes en su control, en colaboración con la Universidad de Standford, que explica el experimento en un interesante artículo.

Los investigadores han puesto de manifiesto que si un individuo puede aprender directamente a controlar la activación de ciertas regiones localizadas de su cerebro, eso puede darle control sobre los mecanismos neurofisiológicos de comportamiento y conocimiento, y puede convertirse en una nueva fórmula de tratamiento de enfermedades.

Imágenes de resonancia magnética

El experimento de Charms consistió en utilizar la llamada imaginería de
resonancia magnética (IRM) para visualizar la actividad de una zona del cerebro implicada en la percepción del dolor: la corteza cingulada anterior. En medicina, la resonancia magnética nuclear es una técnica de obtención de imágenes internas del organismo, gracias al fenómeno físico de la resonancia.

Estas imágenes se utilizan como fuente de información en numerosos diagnósticos. La resonancia magnética utiliza fuertes campos magnéticos que provocan que las células del cuerpo emitan ondas de radio. Los diferentes tejidos emiten diferentes ondas en función de su densidad y de su contenido en agua. Una computadora traduce los patrones de estas ondas en imágenes muy detalladas de las partes del cuerpo en las cuales se pueden identificar anomalías que pueden ser utilizadas para un diagnóstico médico.

Sesiones de entrenamiento

En las imágenes tomada por los investigadores, aparecía en pantalla una especie de “llama” que reflejaba el nivel de actividad del área de la corteza cingulada anterior, lo que permitió a los voluntarios visualizarla. Entonces, los investigadores le pidieron a los pacientes que controlaran la activación de esa zona o bien concentrando su atención en el dolor o, por el contrario, distrayéndose de él para pensar en otra cosa.

Después de algunas sesiones de entrenamiento, algunos pacientes fueron capaces de reducir la actividad de esta parte del cerebro, experimentando al mismo tiempo una reducción del dolor. Los resultados han sido publicados por la revista
Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.

Tal como se explica en el mencionado artículo, los pacientes que consiguieron controlar el dolor contemplaron la imagen de sus cerebros durante 39 minutos y en ese tiempo intentaron varias estrategias mentales para aumentar o disminuir la actividad cerebral de la zona afectada por el dolor.

La técnica mental empleada consistía básicamente en distraer la atención del sujeto del dolor experimentado, tratando de que su mente pensara en otra cosa. Cuando lo conseguían, contemplaban cómo disminuía la actividad de la corteza cingulada anterior y al mismo tiempo la sensación de dolor en la zona del cuerpo que formaba parte del experimento.

Para verificar que el hecho de pensar en otra cosa no es suficiente para explicar tanto la reducción de la actividad cerebral como el dolor en sí mismo, otro grupo de voluntarios emplearon la misma técnica mental con otra región del cerebro, lo que no produjo ningún cambio en la sensación de dolor.

Se realizaron, por tanto, experimentos que demostraron que el control del dolor no se observa después de un entrenamiento similar si los sujetos no contemplan las imágenes de su cerebro y si estas imágenes no corresponden a la corteza cingulada anterior. De esta forma, se demostró la importancia de la visualización en la consecución de los objetivos del experimento.

Nuevo mecanismo clínico

Según los expertos, el control sobre el sistema modulador del dolor es un objetivo muy importante porque podría suponer un mecanismo clínico único de control del dolor. Utilizando imágenes a tiempo real de la actividad del cerebro captadas con resonancia magnética, se puede guiar a los pacientes para que aprendan, mediante entrenamiento, a controlar la corteza cingulada anterior, un región del cerebro que se relaciona con la percepción y con la regulación.

Cuando los participantes indujeron deliberadamente un aumento o un decrecimiento de la activación de esta región, este control en dicha actividad produjo un cambio correspondiente en la percepción del dolor ocasionado artificialmente por un estímulo térmico nocivo.

El experimento se aplicó a ocho pacientes sanos y a otro grupo más de pacientes con dolores crónicos de entre 18 y 37 años de edad. En ambos casos, los voluntarios consiguieron reducir su dolor después del entrenamiento. Estos descubrimientos demuestran que los individuos pueden controlar voluntariamente la actividad de determinadas regiones del cerebro si son entrenados para ello, lo que exige más experimentos que estudien esta vía como fórmula médica paliativa del dolor.

No es la primera vez que algunas personas consiguen controlar su actividad cerebral a través de una experimento. DeCharms se ha asociado con un especialista del dolor de la Universidad de Stanford, Sean Mackey, para transformar esta técnica en terapia, particularmente de los dolores crónicos. Sin embargo, los resultados varían mucho de una persona a otra, sin olvidar por otra parte que la imagen de resonancia magnética es cara, lo que lo que limita su generalización a menos a corto plazo y para cualquier circunstancia.

Viernes 16 Diciembre 2005

Yaiza Martínez

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Ven los efectos de la tensión en el cerebro

Por philosophico - 29 de Diciembre, 2005, 12:15, Categoría: General

LOGRO DE CIENTIFICOS DE PENNSYLVANIA, EE.UU.

Ven los efectos de la tensión en el cerebro

Por primera vez, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania visualizaron los efectos del estrés psicológico diario en un cerebro sano. Lo lograron mediante una nueva aplicación de imagen de resonancia magnética funcional.

El trabajo, aseguran los científicos, ayudará a desarrollar mejores estrategias para prevenir o corregir las consecuencias a largo plazo que el estrés crónico provoca en la salud. El estudio acaba de ser publicado por Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU.

Lo que se hizo fue inducir artificialmente presión al pedirle a las personas del estudio que hagan determinados ejercicios que desafiaban su mente. Mientras tanto se les hacía la resonancia magnética. Los investigadores también registraron las respuestas emocionales —tensión, ansiedad, y frustración— y además midieron los cambios correspondientes en hormona de la tensión y el ritmo cardíaco.

Los resultados mostraron que durante el test del estrés el flujo sanguíneo del cerebro aumentó en la corteza prefrontal derecha —la capa externa del cerebro, donde están las células nerviosas—, que es el área relacionada con la ansiedad y la depresión. Para los investigadores, el aumento del flujo sanguíneo en esa zona confirma la fuerte relación que hay entre el estrés psicológico y las emociones negativas.

El estrés crónico es mucho más grave que el agudo. "El mensaje de este estudio es que el estrés crónico además podría ser perjudicial para la salud mental", aseguró Jiongjiong Wang, investigador principal del estudio. "Cómo reacciona el cerebro ante el estrés psicológico es un tema aún sin tocar para los neurólogos cognitivos, pero ciertamente es un pedazo crítico del rompecabezas que es entender los efectos del estrés en la salud", agregó Wang.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Cerebro e inmersiones lingüísticas

Por philosophico - 29 de Diciembre, 2005, 12:09, Categoría: General

EL lenguaje se encuentra en la raíz más profunda de la naturaleza humana, no en vano sus códigos se han anclado fijos en el genoma y se han originado paralelos a los cambios evolutivos del propio cerebro en los últimos dos millones de años. Ello ya nos habla de la esencia del lenguaje como mecanismo para salvaguardar la supervivencia humana, tanto individual como de la especie. Claro que antes ya existía el lenguaje emocional, el de los gestos, los gritos y las onomatopeyas, que compartimos en buena medida con todos los demás seres vivos. Pero fue en esos dos millones de años, con el aumento exagerado del cerebro, cuando se adquirió ese nuevo lenguaje, noético y simbólico, el de los universales, en definitiva, el de las ideas y la belleza.

El cerebro tiene, al nacimiento, los circuitos «duros», genéticamente programados, capaces de grabar en ellos cualquier idioma. Y es la lengua de los padres la que reconstruye, transforma y modela esos circuitos del cerebro en un proceso lento a través de la física y la química, la anatomía y la fisiología. Tan lento es que la primera palabra no aparece antes del año y medio, y con un año más aparecen ya palabras sueltas, y sólo después, hacia los tres años, aparecen las frases. Todo esto lo sabe casi todo el mundo. Pero lo que no sabe todo el mundo es que no es lo mismo grabar en esos años tempranos un idioma que otro. En esos años se captan y aprenden matices sensoriales y emocionales que son transferidos con las palabras de un determinado idioma como no lo serán, sin embargo, con ningún otro que se aprenda después. Y es este idioma temprano el que queda más profundamente anclado en el cerebro humano y con el que el niño definitivamente dibujará el mundo y sus gentes. Ningún otro idioma será plenamente equivalente. Y es con ese instrumento con el que el niño dibuja, «nombrándolo» y sin esfuerzo, el mundo y «lo diferencia» de otros mundos, lo que incluye matices de las cosas, sucesos y personas. Con el idioma más genuino, aquel que se escucha tras el nacimiento, se expresa la intimidad de una manera diferenciada y única. Por eso un idioma unifica emocionalmente a las gentes, pero también, y al tiempo, las desune. Es un bisturí que corta emocionalmente lo «ajeno y diferente».

Y es por todo esto por lo que la sintonía emocional sutil que proporcionan las palabras de un determinado lenguaje jamás puede ser traducida fidedignamente a otro. Que se lo digan a los poetas y los escritores. La lengua genuinamente materna marca, rotula en el cerebro, el instrumento que expresará y describirá el mundo más íntimo. Un chino o un árabe no conciben el mundo, ni procesan la información ni la expresan con su idioma de la misma manera que cualquier otro ser humano con una lengua diferente. Se puede pensar que lenguas muy próximas, como lo pueden ser el italiano o el gallego y el castellano, produzcan más proximidad a estos matices que he señalado, pero no es desde luego el caso para el chino o el árabe. Pero aun así, persiste esa diferencia de matices anclados y transformados en tejido cerebral en esos primeros años tras el nacimiento. Aun siendo auténticamente bilingüe, donde desde el nacimiento se haya oído hablar en el seno familiar dos lenguas distintas, sigue existiendo una con un color emocional más profundo y sutil, quizá el de la madre, reforzado por el de la calle y de todos los días. Color emocional posiblemente no detectable ni por el individuo, ni por tests psicológicos sofisticados, ni tan siquiera tal vez por las técnicas de imagen cerebral más sofisticadas. Pero existir, existe. Hoy, con la neurolingüística, comenzamos a conocer las profundidades abisales en las que el lenguaje está anclado en el cerebro y su tremendo significado no sólo para la solidaridad y la agresión entre los seres humanos, sino para lo que resulta todavía más sorprendente, para la propia concepción del mundo y para, con ello, compartirla.

El final de estas reflexiones es que empezamos a darnos cuenta de que las lenguas pueden ser instrumentos de «identidad» separadora, que lo son, de unos grupos frente a otros. Y que de hecho se utilizan como arma de agresión «diferenciadora». Sólo hay que mirar los telediarios un poco todos los días para ser consciente de cuanto acabo de decir. El niño «inmerso» totalmente en una determinada lengua desde el mismo nacimiento concebirá el mundo de una manera «diferente» a los demás que no hablan esa misma lengua. Y lo hará de una manera casi permanente y definitiva. Esto antaño tenía un valor de supervivencia enorme, pues creaba una fuerza de grupo cohesionada. Hoy, por el contrario, ese mismo proceso, si es ejecutado dentro de un grupo grande, homogéneo y de lengua común y centenaria, debilita, es separador y estéril. La «inmersión absoluta» de los niños recién nacidos en un idioma en el seno de una sociedad que ya habla otro idioma o dos tiene claramente un propósito diferenciador y de aparente supervivencia para quien dirige esa inmersión. Supuestamente, esa mayor supervivencia se adquiere a través de ventajas como vivir mejor y más seguro que los demás, porque nadie marca diferencias para mostrar que es peor, más humilde y por tanto más necesitado.

Ante todo esto, se me ocurre que debiera haber más voces levantadas entre lingüistas, científicos, escritores y poetas que expliquen a esos políticos, muchos sólo obedeciendo a una emoción hoy vacía, que están enarbolando una bandera errónea, aquélla de la inmersión completa en una lengua minoritaria, sin conocer lo que ello significa. O quizá pensando que ello es un bien para su comunidad frente a la de los demás. O quizá pensando que esa «emoción profunda» de la lengua diferenciadora representa lo que en otros tiempos, milenarios, representaba, sin darse cuenta de que hoy es una desventaja profunda la que «sumergen» en los cerebros de los niños. El mundo ya no es un pedazo de tierra cerrado frente a otro, sino pedazos que se abren a pasos agigantados unos a otros. Y la llave, el instrumento que abre esos pedazos geográficos, son las lenguas y la emoción y la concepción del mundo que con ellas se adquieren. Es una lástima que ante la ceguera de algunos pocos, otros tantos, también ignorantes, apoyen «inmersiones» que suponen en esencia la construcción de la barrera más dura que se pueda imaginar.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Saber cómo funciona nuestro cerebro es una utopía

Por philosophico - 29 de Diciembre, 2005, 12:02, Categoría: General

http://www.elcorreogallego.es/index.php?option=com_content&task=view&id=37405&Itemid=9

ESPECIALISTA EN ALZHEIMER
Fernández Lage: “Saber cómo funciona nuestro cerebro es una utopía”
Por Enrique Beotas   
Imprimir
Image
Siendo hijo de un afamado dentista, Fernández Lage se decantó por estudiar la rama de Neurología
FOTO: Yolanda Domínguez
Decía Juan Beneyto, mi profesor de Geopolítica en la Complutense, Facultad de Ciencias de la Información, que si la ciencia es progreso, la constancia es virtud. A lo largo de más de treinta años de ejercicio profesional, he llegado a la conclusión de que aquel que aúna ambas características llega a coronar la cima de sus ambiciones.
Hoy he quedado a almorzar con mi admirado betanceiro Manuel Martínez Lage, un virtuoso de la ciencia, un constante estudioso del cerebro humano. Uno de los hombres que reconoce en este país esa enfermedad canalla que a nadie respeta y que todos tememos: el Alzheimer…

…Maldito Alzheimer que acaba con los recuerdos de una vida plena, llena de experiencias, de risas, de llantos, de satisfacciones... de amor en una playa a la luz de la luna… Una enfermedad que no sólo mata la vida, sino que destruye lo vivido... “Ten cuidado Enrique. Por ese camino pisas una fina y delgada línea…”.

_ ¿La de reconocer que nos vacía la vida y nos la deja sin sentido…?

_ La de dar crédito a los menos esforzados...

- ¿Habla de la muerte asistida?

- Nunca voy a practicar el suicidio asistido, nunca voy a practicar el homicidio... Me proclamo apóstol de la buena muerte.

- Y… ¿qué es la buena muerte…?

- Morir sin angustia, sin dolor, sin sufrimiento físico. Es una aventura que debe ser tomada así.

- ¿Cómo se proporciona una buena muerte…?

- Venciendo la angustia…

- No se me ponga betanceiro y explíqueme cómo se vence la angustia…

- Con palabras seguidas de fármacos. Con todo tipo de analgésicos…

- ¿Y si se pasa…?

- No ocurre nada, incluso para los más ortodoxos de la cuestión. Es el fenómeno del doble efecto: si yo doy este calmante y se le para la respiración al paciente, yo no busco que se le pare la respiración, sino que no tenga dolor. Es como cuando la moral católica se pregunta: ¿a quién salvas primero, a la madre o al hijo?...

- ¿Qué responde entonces el científico…?

- Que no me vengan con chorradas: primero a los dos...

- ¿Y si es imposible salvar a los dos?

- Pues no tengo opción...

A sus 70 años, este gallego me habla de la muerte... La ha visto de cara tantas veces… Conoce tan bien a la vieja dama que me defiende ese interesante y profundo concepto: la muerte digna. No le asusta el hecho en sí, sino la forma... Declara convencido que nunca practicaría la eutanasia...

“Cuando llega, la demencia no sólo termina con tu pasado, sino también con tu futuro. Te obliga a vivir en un eterno presente.”

- Entonces… deja de existir el ser humano…

- No deja de existir, deja de tener la noción de sus tiempos. Para la persona con demencia sólo existe el ahora, el instante preciso.

- Una vida sin dignidad…

- No, una vida sin memoria…

- ¿Sólo sin memoria…?

- Sin memoria uno deja de identificar quién es, no se reconoce a sí mismo, no puede dialogar con los que tiene alrededor... no tienen ninguna referencia pero, aquellos que lo conocieron, que lo aman, que conviven con él, sí lo saben. ¿Quién tiene derecho a negar que él continúa siendo quien es y quien fue…?

Ahí lo tienen, sin pelos en la lengua... Sabio entre los sabios. Mira sin ver, escucha sin oír, saborea la vida con profundidad y con decidido compromiso frente al olvido… contra el olvido de los demás.

“El olvido a los demás es terrible... Ni percibes el cariño que te muestran ni te permite agradecer lo que hacen por ti...”.

- ¿Cuál es la memoria de las memorias…?

- La biográfica, la que sabe responder al: ¿quién era yo cuando era niño?, ¿qué hice cuando era joven?, ¿qué familia he creado?...

- He leído una frase suya que me ha impresionado: “No hay pena como esa pena ni dolor como ese dolor...”

- Sí, pero no olvides que ese dolor no lo experimenta el demenciado…

- ¿No sufre...?

- En general no, hasta que vienen las complicaciones de conductas agresivas, las agitaciones... La persona deja de ser aunque está, y el mundo queda reducido a un eterno presente....

- Deme un ejemplo que descienda de teorías...

- Pues mira, ahora yo estoy tomando un gazpacho. Si fuese un enfermo de Alzheimer que todavía conserva la habilidad del manejo de la cuchara, lo comería como ahora… tendría la misma sensación gustativa pero, si hago una pausa, por muy corta que ésta fuese, cuando volviese a probar sería completamente nuevo para mí. Este drama se proyecta en todo lo que es la vida social y familiar.

- ¿Y no cree que hay otros olvidos voluntarios en la vida…?

- Eso ya no es una patología, es un uso social, mi querido amigo.

- ¿Cuánto ha sufrido el profesor Martínez Lage por el olvido dispensado por los demás?

- La vida para mí, con setenta años cumplidos, consiste en tener proyectos y adquirir compromisos... Todo depende de la voluntad, no del olvido dispensado.

- ¿Cuándo decide ser médico?

- Eso era algo que ya barruntaba cuando estudiaba Bachillerato en el internado de los Jesuitas en Vigo. Fue el gran regalo de mis padres que ha condicionado toda mi vida... la medicina.

- ¿Qué recuerdo tiene de los Jesuitas?

- Nos aportaron algo maravilloso: la instrucción…

- ¿Ningún pero…?

- Nos robaron la educación en la libertad. Era una hipocresía permanente de conducta moral, de aparentar que eres bueno…

- Siendo hijo de un afamado dentista de Betanzos, ¿nunca pensó en heredar la rentable consulta…?

- Al año de llegar a Santiago de Compostela ya tuve claro que lucharía por ser un médico que, antes de curar a los demás, encontrase explicación a mí mismo. Eso me introdujo en la Filosofía. Pasaba mis asignaturas, pero lo que sobre todo leía era a Heidegger, a Kierkegaard, a Kant... Ésa era mi biblioteca... En el tercer año decidí hacerme psiquiatra…

- ¿Por qué decide el cambio?

- Asistí a una desgracia terrible; fui testigo de cómo se aplicó un electroshock a un enfermo por error. Simplemente se sentó en el banco que no era…

- ¿Y eso es tan terrible como para cambiar una vocación en la vida…?

- Lo más terrible no fue esa equivocación, sino que el catedrático de Psiquiatría, al darle la explicación al catedrático de Quirúrgica de lo ocurrido, el de Quirúrgica dijo: “Lo que le pasa a este enfermo es que tiene una enfermedad de Crohn, así que vamos a probar y le vamos a dar 20 sesiones más...” Aquello me horrorizó. No podía estar con esa psiquiatría etérea, especulativa, que no se palpa sino que te lleva a ser testigo de un empirismo acientífico por completo....

- ¿Es cuando aparece la Neurología en su vida…?

- Tuve la suerte de que en el hospital de Santiago habían adquirido un aparato de electroencefalografía. Se ponían en la cabeza unos electrodos y se reflejaban unas rayas. Aquello deslumbraba a todo el mundo, era la única manera de estudiar el cerebro…

- ¿Cómo funciona el cerebro?

- Conocer eso al completo es un sueño, una utopía que no se alcanza ni con todas las promesas de la Neurología actual. El cerebro me explica por qué yo en este momento estoy a gusto, hablo, me comporto... pero no me explica por qué Enrique Beotas me llama para ser un contertulio suyo para EL CORREO GALLEGO; eso ya depende de la mente de Enrique Beotas...

- Entonces, un chico creyente como usted...

- Yo más bien diría que soy un diletante Hamletiano...

- ¿Evolucionados o criaturas de Dios…?

- Entre los grandes problemas que tiene planteados la humanidad, está la relación entre Ciencia y Dios. Creer en Dios es independiente de demostrar cómo funciona un gen y una molécula.

- ¿Por qué lloramos?

- Según los Behavioristas lloramos porque estamos tristes, según otros estamos tristes porque lloramos. La mayoría de los libros serios de Neurociencia, cuando explican este mecanismo, intentan localizar los centros, sistemas y circuitos...

- Aceptado… pero: ¿por qué llora usted?

- Lloro mucho. Lo último que me hizo llorar, amarga y profundamente, fue la muerte de un gran amigo neurólogo que yo formé y que falleció a consecuencia de un cáncer de pulmón. ¿Por qué lloré…? Pues porque no volveré a verlo jamás. Lloré porque estaba triste.

- ¿El amor es cosa de hormonas?

- Hay que distinguir entre la genitalidad, la sexualidad y el amor…

- Genitalidad…

- En la genitalidad solamente funcionan los órganos sexuales…

- Sexualidad…

- Es cuando en el sexo hay un nivel físico superior y una atracción sexual.

- Amor…

- Es un sentimiento que sólo se puede expresar desde el compromiso.

- ¿Cuándo surgió el amor en su vida?

- Cuando tuve una idea clara de lo que es la gratitud. He cumplido cuarenta y cinco años de casado con la mujer de la que me enamoré en el sentido más cupidiano de la palabra… Ahora, tengo que añadir, para ser verdaderamente coherente con lo que es la vida, que yo he sido un infiel recalcitrante a mi mujer...

- Doctor, ¡que esto no lo puedo publicar…!

- Allá tú...

- Pero le va a matar cuando nos lea...

- No, no me mata, porque la inmensa fortuna mía es que ella tuvo una magnanimidad absoluta para perdonar todas y cuantas infidelidades yo había cometido.

- Una buena amiga me dice siempre: “Si me engaña, que no me entere; si me entero, que no me importe; y si me importa, que me traiga dinero a casa”…

- No, el caso de mi mujer no era tan cruel, pero lo que sí te puedo decir es que lo que he dicho lo mantengo y lo suscribo.

- Hamletiano, diletante, infiel, llorón, hombre de valores, siempre galán y... ¿con miedo a la muerte?

- Con miedo a la mala muerte.

- ¿Sólo le asusta el sufrimiento?

- Sí, sí... yo he visto morir en mis manos a más de mil enfermos. Siempre estuve con ellos hasta que expiraban. Les cerré los ojos, amortajé, les hice la autopsia, y saqué cerebros a montones... Eso curte… No me explico cómo la cultura occidental tiene planteado un problema tan equivocado como es el de la eutanasia en los términos actuales. No me lo explico.

- ¿Su teoría sobre la eutanasia?

- Es el suicidio asistido, un homicidio. Hay que formar médicos en cuidados paliativos e integrarles. Es una labor que exige gran preparación previa y mucho tiempo.

- ¿Echa de menos Galicia…?

- Ahora mismo lloraría, porque yo tenía que haber vivido y desarrollado mi vida en Galicia. He sido un transeúnte en Pamplona. Cuarenta y seis años al servicio de la Universidad de Navarra. Inauguré la Facultad, la Clínica, ahí se ha quedado todo. Siem- pre soñé con volver a mi tierra…

- Quemado o enterrado…

- He sabido que mis cenizas volverán a Galicia. Esa costumbre británica de enterrarte en la tierra es un simbolismo extraordinario... tengo que volver a Galicia.

- ¿Qué es Galicia?

- Un espíritu. Lo leí en todos aquellos escritores que definían al gallego como gentes trabajadoras y sufridas. El propio Miguel Hernández lo reconocía. Sin duda los gallegos somos trabajadores...

- Pero usted ha sido un gran disfrutador de la vida…

- Siempre me he declarado un gran amante de los placeres de la vida, pero he trabajado muy duro. He trabajado y trabajo al menos doce horas al día.

- ¿Sus alumnos le quieren?

- Un huevo.

- ¿Le temen?

- En Navarra el catedrático nunca es un señor feudal. He sido profesor de cuarenta promociones de médicos. Tengo más de cien discípulos que se han formado en Neurología… El movimiento se demuestra andando.

- Y cuando se mira al espejo…

- Miro con sorpresa, no me lo creo, pero nunca me pregunto: ¿qué haces aquí?

- ¿Hasta los 40 que te quieran y a partir de los 40 que te cuiden?

- La semana pasada estuve en la Menéndez Pelayo participando en un curso con un ilustre profesor de Medicina, ya jubilado, y uno dijo que lo importante en la vida es morirse lo más viejo posible y lo más sano posible...

- ¿Y cómo espera a la muerte…?

- Con una gran paz, con tranquilidad... me siento con la misión cumplida.

- Cuarenta y seis años en la Universidad de Navarra... ¿Cuál es el secreto…?

- En los tres días que yo estuve con Juan Pablo II a solas en su cámara como médico, me dijo: “El Opus Dei es una inspiración divina”. No soy capaz de penetrar en lo que es una inspiración divina. Dicho lo dicho, es una de las mejores organizaciones humanas que hay en el mundo. Pero en vista de que no me despedían, fui yo el que me despedí de ellos enviando una carta al Diario de Navarra que se titulaba: “Casi medio siglo en la Universidad de Navarra, qué bonito fue”, para mí ese es el resumen.

- Doctor…

- Qué…?

- Que se ha manchado la corbata almorzando…

- Es mi única rutina…

Estamos rodeados de camareros que esperan que el doctor Martínez Lage frene su verbo preciso y torrencial… Nos rodean mudos, yo diría que como colegiales fascinados por la lección… Martínez Lage se levanta y les estrecha sus manos una a una mientras puntualiza: “No se olviden de mí…”

¿Quién manda? El cerebro en el corazón.

¿Comunicación o disciplina? Comunicación y ejemplo.

El valor… La lealtad.

La familia… El núcleo amoroso.

¿Qué lugar ocupa en su escala de valores? Número uno.

¿Y el amor? Sin él no se puede vivir.

La salud... Importa, pero no tanto como se dice.

Un color para Galicia. Verde que te quiero verde.

Un olor. Dulce.

Un sonido. Prjjjjj...

Una película. ‘Lo que el viento se llevó’.

La música. De Chopin.

El libro. ‘El futuro del cerebro’.

¿Qué le dice a sus nietos? Que sean.

¿Qué le pide a la vida? Que me acepte.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)