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El cerebro humano no está adaptado al mundo moderno

Por philosophico - 18 de Noviembre, 2005, 16:05, Categoría: General

http://www.clarin.com/diario/2005/11/16/conexiones/t-01090420.htm

El cerebro humano no está adaptado al mundo moderno

Carla Barbuto. Especial para Clarín.com
conexiones@claringlobal.com.ar

En materia de economía, todos estamos más o menos acostumbrados a centrar nuestra atención en el último dato de inflación o el crecimiento del PBI, pero no mucho más allá. ¿La razón? Dicen que nuestro cerebro, desarrollado durante miles de miles de años, no está adaptado al medio ambiente...

Y la conclusión resulta bastante insólita: el cerebro humano no está adaptado al mundo moderno. Aunque suene muy extraño, más o menos eso piensa Benito Arruñada, profesor del Departamento de Economía y Negocios de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona, y lo plantea en su informe titulado “Naturaleza humana y análisis institucional”. “Este estudio comienza explorando las consecuencias de nuestra especialización en la producción de conocimiento, que son dobles: ha asegurado nuestro éxito en el control del ambiente pero también lo ha cambiado muy rápido y radicalmente. Tan rápidamente que no dio tiempo a que la selección natural adapte nuestra biología, dejándonos mal adaptados en dimensiones importantes”, dice.

Así, con un pie en la psicología, Arruñada explica que nuestra mente es el resultado de un proceso de evolución natural que tomó miles de años en formarse y que nos movemos por el siglo XXI con una estructura cerebral desarrollada en los miles de años de vida basada en la recolección y la caza del Pleistoceno (1,8 millones de años a 10.000 AC). Explica que “nosotros cambiamos nuestro propio entorno mucho mas rápido de lo que cambió nuestra genética para adaptarse a esos cambios”. El razonamiento del economista español sigue así: tenemos un cerebro desarrollado para actuar en pequeñas tribus nómadas, con poca interacción fuera del grupo. Como si tremenda conclusión no fuera suficiente, todo parece indicar que algunos de nuestros “instintos adquiridos” también estarían mal adaptados a las actuales circunstancias.
¿Es tan así? La respuesta que flota en el aire es: sí, pero con reservas. “La falta o mala adaptación es innegable y el mismo Freud lo definió como el ‘malestar en la cultura’. La idea es que la cultura produce malestar porque escapa a la capacidad de procesamiento de la persona”, explica Pablo Slemenson, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Las reservas aluden a que, según Slemenson, la psicología cognitiva –mundillo donde Arruñada parece sentirse como en casa– suele pasar por alto los estudios anteriores como, por ejemplo, los de psicoanálisis.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de estar mal adaptados? Convencido de su línea de investigación, Arruñada responde con ejemplos: Antes, los hombres comían teniendo en cuenta que las fuentes de alimento eran variables y, entonces, generaban reservas. Hoy ese instinto demandaría una fuerte dosis de autocontrol, pero continúa la tendencia a comer mucho. “Sin autocontrol, tendemos a comer demasiado, especialmente azúcar y sal (…) transformando el gusto por lo dulce en un daño a nuestra salud”, dice.

Según Slemenson, aquella falta de adaptación – propia de la complejización del entorno – , es un desafío para todas las especies y el hombre siempre encuentra una salida. “Al encontrarse con una sociedad cada vez más compleja, pone en la balanza cada vez más factores para elaborar un mecanismo exitoso. Ese mecanismo se desarrolla y acumula “experiencia” hasta que se vuelve intolerable”. Así todo parece indicar que cuando Arruñada se refiere a “instintos adquiridos”, Slemenson suma al análisis a aquellos patrones de comportamiento que fueron alguna vez eficaces. “El hombre está expuesto a la complejidad y la enfrenta mediante patrones fijos, que fueron establecidos mediante una estimación y desestimación de factores”, explica. Entonces, la mala adaptación surgiría cuando estos patrones que funcionaron en el pasado, no lo hacen en el presente y se los sigue poniendo en marcha (de modo consciente o inconciente).

Si bien el ejemplo de Arruñada tiende a que nos miremos con desconfianza, lo cierto es que desde la perspectiva económica no todas son malas noticias. Los humanos, con el cerebro de antaño, también hemos desarrollado mecanismos de cooperación –aunque se basan en grupos pequeños, como la familia, y suelen no extenderse mucho más allá de las relaciones de mercado–. Esa cooperación trata de ser copiada cuando en los gerentes dicen “somos como una familia”. Aunque este caso suene poco real, lo cierto es que el ser humano ha desarrollado “instituciones” –que contemplan códigos morales, respeto a los derechos de propiedad y cumplimiento de contratos– que le permiten cooperar con extraños o ajenos a la tribu.

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