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18 de Noviembre, 2005

«El cerebro no es una página en blanco»

Por philosophico - 18 de Noviembre, 2005, 16:06, Categoría: General

http://www.elmundo.es/universidad/2005/11/16/campus/1132168903.html

ENTREVISTA / CARLOS BELMONTE. DIRECTOR DEL INST. DE NEUROCIENCIAS DE LA MIGUEL HERNÁNDEZ
«El cerebro no es una página en blanco»
Convencido de que las neurociencias abrirán «el gran debate ético y científico del siglo XXI», cree que es «factible, pero no fácil», la construcción de un cerebro artificial, aunque no lo consideraría útil

JUANJO BECERRA

Carlos Belmonte (Foto: Cristobal Lucas)
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Cuando una entrevista versa sobre temas como el del gran desconocido científico, el cerebro, todo espacio y todo tiempo son escasos. Eso ocurre al escuchar a Carlos Belmonte, director del Instituto de Neurociencias de la Miguel Hernández.

Pregunta.— Se dice que el cerebro es uno de los grandes retos científicos. ¿En qué campos se prevén mayores avances?

Respuesta.— El estudio del cerebro no sólo es el gran reto científico del siglo XXI, sino también el gran debate ético vinculado a la ciencia.

P.— ¿Por ejemplo?

R.— La neuroeconomía. Con imagen cerebral se puede explorar qué probabilidades de éxito tienen algunos productos dependiendo de si activan las zonas del sistema límbico vinculadas a la recompensa. También puede detectar si alguien miente por mucho que se intente ocultar, el miedo, la ira... Imagínese los límites éticos que esto puede plantear en el terreno laboral.

P.— ¿Cuál es su postura sobre esos conflictos éticos?

R.— Creo que no se le pueden poner puertas al campo en el sentido del conocimiento. Otra cuestión es cómo se utiliza. Evidentemente, no soy partidario de que a un sujeto se le explore el cerebro para conocer facetas íntimas, pero si consiguiéramos distinguir patologías de la conducta a través de la imagen cerebral, podríamos evitar que un señor tenga un día una crisis y cometa una barbaridad.

P.— ¿Cómo influyen la genética y el entorno en el carácter?

R.— El cerebro no es una página en blanco, ni mucho menos, pero luego tiene una gran capacidad de expresión o represión de los genes, lo que determina que se formen y modifiquen sus circuitos.

P.— ¿En España se hace buena investigación en neurociencias?

R.— La que se hace es buena, pero es poca en relación con el tamaño del país. Es una de las ramas en las que mantenemos un cierto liderazgo científico y una presencia internacional muy respetable.

P.— ¿El cerebro artificial es sólo ciencia ficción?

R.— Sí, pero es factible, porque el cerebro es comprensible y reductible, como cualquier tejido. Sin embargo, no es fácil, porque implica montar una estructura con un millón de elementos interconectados. Tampoco tengo clara su utilidad.

P.— ¿La vida en Occidente es un caldo de cultivo perfecto para las enfermedades mentales?

R.— Desde luego, cuando a un órgano se le somete a estrés, determinados circuitos dejan de funcionar adecuadamente, pero no quiero ver sólo el lado negativo. El cerebro necesita ser estimulado de manera contínua para mantener sus conexiones, porque son dinámicas.

P.— ¿Las emociones primarias fueron también de las primeras?

R.— Yo soy muy evolucionista. Esas emociones surgieron como un mecanismo de defensa y de supervivencia del individuo. Además, son tan primarias porque permiten comunicar la información muy deprisa en grupo, sin necesidad de recurrir a otros procedimientos. Sólo desaparecen las cosas que acaban siendo negativas para la supervivencia, y el miedo, la ira, la rabia... lo siguen siendo, aunque de forma más sofisticada.

P.— Cuando nos referimos a esas emociones, ¿estamos utilizando meras abstracciones?

R.— No tanto. Al ser primarias, esas emociones se parecen bastante en las distintas especies. La sensación de miedo en un mamífero va acompañada de los mismos síntomas que en un humano. Nosotros tenemos la consciencia de ello y no sabemos si la tienen los animales, pero la consciencia sólo es el pico de una pirámide más amplia. Debajo hay todo un territorio inconsciente.


RESPALDO SOCIAL Y FINANCIERO


RESPALDO SOCIAL Y FINANCIERO

Creado en 1990 por el Gobierno valenciano y adscrito a la Miguel Hernández de Alicante seis años después, el Instituto de Neurociencias es uno de los centros de investigación más activos del país. Su director, Carlos Belmonte, encabeza un plantel de científicos entregados a la búsqueda de los secretos del cerebro.

El pasado mes de septiembre, la Reina Sofía inauguró la nueva sede de este instituto, al que el Grupo Santander respalda económicamente en sus principales líneas de trabajo. Durante una reciente visita al centro, el presidente de la entidad, Emilio Botín, expresó la satisfacción que le produce estar contribuyendo al desarrollo de uno de estos proyectos, cuyo objetivo es la identificación de los agentes terapéuticos para el tratamiento del dolor de origen neuropático.

Pregunta.— Se dice que el cerebro es uno de los grandes retos científicos. ¿En qué campos se prevén mayores avances?

Respuesta.— El estudio del cerebro no sólo es el gran reto científico del siglo XXI, sino también el gran debate ético vinculado a la ciencia.

P.— ¿Por ejemplo?

R.— La neuroeconomía. Con imagen cerebral se puede explorar qué probabilidades de éxito tienen algunos productos dependiendo de si activan las zonas del sistema límbico vinculadas a la recompensa. También puede detectar si alguien miente por mucho que se intente ocultar, el miedo, la ira... Imagínese los límites éticos que esto puede plantear en el terreno laboral.

P.— ¿Cuál es su postura sobre esos conflictos éticos?

R.— Creo que no se le pueden poner puertas al campo en el sentido del conocimiento. Otra cuestión es cómo se utiliza. Evidentemente, no soy partidario de que a un sujeto se le explore el cerebro para conocer facetas íntimas, pero si consiguiéramos distinguir patologías de la conducta a través de la imagen cerebral, podríamos evitar que un señor tenga un día una crisis y cometa una barbaridad.

P.— ¿Cómo influyen la genética y el entorno en el carácter?

R.— El cerebro no es una página en blanco, ni mucho menos, pero luego tiene una gran capacidad de expresión o represión de los genes, lo que determina que se formen y modifiquen sus circuitos.

P.— ¿En España se hace buena investigación en neurociencias?

R.— La que se hace es buena, pero es poca en relación con el tamaño del país. Es una de las ramas en las que mantenemos un cierto liderazgo científico y una presencia internacional muy respetable.

P.— ¿El cerebro artificial es sólo ciencia ficción?

R.— Sí, pero es factible, porque el cerebro es comprensible y reductible, como cualquier tejido. Sin embargo, no es fácil, porque implica montar una estructura con un millón de elementos interconectados. Tampoco tengo clara su utilidad.

P.— ¿La vida en Occidente es un caldo de cultivo perfecto para las enfermedades mentales?

R.— Desde luego, cuando a un órgano se le somete a estrés, determinados circuitos dejan de funcionar adecuadamente, pero no quiero ver sólo el lado negativo. El cerebro necesita ser estimulado de manera contínua para mantener sus conexiones, porque son dinámicas.

P.— ¿Las emociones primarias fueron también de las primeras?

R.— Yo soy muy evolucionista. Esas emociones surgieron como un mecanismo de defensa y de supervivencia del individuo. Además, son tan primarias porque permiten comunicar la información muy deprisa en grupo, sin necesidad de recurrir a otros procedimientos. Sólo desaparecen las cosas que acaban siendo negativas para la supervivencia, y el miedo, la ira, la rabia... lo siguen siendo, aunque de forma más sofisticada.

P.— Cuando nos referimos a esas emociones, ¿estamos utilizando meras abstracciones?

R.— No tanto. Al ser primarias, esas emociones se parecen bastante en las distintas especies. La sensación de miedo en un mamífero va acompañada de los mismos síntomas que en un humano. Nosotros tenemos la consciencia de ello y no sabemos si la tienen los animales, pero la consciencia sólo es el pico de una pirámide más amplia. Debajo hay todo un territorio inconsciente.


RESPALDO SOCIAL Y FINANCIERO


RESPALDO SOCIAL Y FINANCIERO

Creado en 1990 por el Gobierno valenciano y adscrito a la Miguel Hernández de Alicante seis años después, el Instituto de Neurociencias es uno de los centros de investigación más activos del país. Su director, Carlos Belmonte, encabeza un plantel de científicos entregados a la búsqueda de los secretos del cerebro.

El pasado mes de septiembre, la Reina Sofía inauguró la nueva sede de este instituto, al que el Grupo Santander respalda económicamente en sus principales líneas de trabajo. Durante una reciente visita al centro, el presidente de la entidad, Emilio Botín, expresó la satisfacción que le produce estar contribuyendo al desarrollo de uno de estos proyectos, cuyo objetivo es la identificación de los agentes terapéuticos para el tratamiento del dolor de origen neuropático.

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El cerebro humano no está adaptado al mundo moderno

Por philosophico - 18 de Noviembre, 2005, 16:05, Categoría: General

http://www.clarin.com/diario/2005/11/16/conexiones/t-01090420.htm

El cerebro humano no está adaptado al mundo moderno

Carla Barbuto. Especial para Clarín.com
conexiones@claringlobal.com.ar

En materia de economía, todos estamos más o menos acostumbrados a centrar nuestra atención en el último dato de inflación o el crecimiento del PBI, pero no mucho más allá. ¿La razón? Dicen que nuestro cerebro, desarrollado durante miles de miles de años, no está adaptado al medio ambiente...

Y la conclusión resulta bastante insólita: el cerebro humano no está adaptado al mundo moderno. Aunque suene muy extraño, más o menos eso piensa Benito Arruñada, profesor del Departamento de Economía y Negocios de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona, y lo plantea en su informe titulado “Naturaleza humana y análisis institucional”. “Este estudio comienza explorando las consecuencias de nuestra especialización en la producción de conocimiento, que son dobles: ha asegurado nuestro éxito en el control del ambiente pero también lo ha cambiado muy rápido y radicalmente. Tan rápidamente que no dio tiempo a que la selección natural adapte nuestra biología, dejándonos mal adaptados en dimensiones importantes”, dice.

Así, con un pie en la psicología, Arruñada explica que nuestra mente es el resultado de un proceso de evolución natural que tomó miles de años en formarse y que nos movemos por el siglo XXI con una estructura cerebral desarrollada en los miles de años de vida basada en la recolección y la caza del Pleistoceno (1,8 millones de años a 10.000 AC). Explica que “nosotros cambiamos nuestro propio entorno mucho mas rápido de lo que cambió nuestra genética para adaptarse a esos cambios”. El razonamiento del economista español sigue así: tenemos un cerebro desarrollado para actuar en pequeñas tribus nómadas, con poca interacción fuera del grupo. Como si tremenda conclusión no fuera suficiente, todo parece indicar que algunos de nuestros “instintos adquiridos” también estarían mal adaptados a las actuales circunstancias.
¿Es tan así? La respuesta que flota en el aire es: sí, pero con reservas. “La falta o mala adaptación es innegable y el mismo Freud lo definió como el ‘malestar en la cultura’. La idea es que la cultura produce malestar porque escapa a la capacidad de procesamiento de la persona”, explica Pablo Slemenson, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Las reservas aluden a que, según Slemenson, la psicología cognitiva –mundillo donde Arruñada parece sentirse como en casa– suele pasar por alto los estudios anteriores como, por ejemplo, los de psicoanálisis.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de estar mal adaptados? Convencido de su línea de investigación, Arruñada responde con ejemplos: Antes, los hombres comían teniendo en cuenta que las fuentes de alimento eran variables y, entonces, generaban reservas. Hoy ese instinto demandaría una fuerte dosis de autocontrol, pero continúa la tendencia a comer mucho. “Sin autocontrol, tendemos a comer demasiado, especialmente azúcar y sal (…) transformando el gusto por lo dulce en un daño a nuestra salud”, dice.

Según Slemenson, aquella falta de adaptación – propia de la complejización del entorno – , es un desafío para todas las especies y el hombre siempre encuentra una salida. “Al encontrarse con una sociedad cada vez más compleja, pone en la balanza cada vez más factores para elaborar un mecanismo exitoso. Ese mecanismo se desarrolla y acumula “experiencia” hasta que se vuelve intolerable”. Así todo parece indicar que cuando Arruñada se refiere a “instintos adquiridos”, Slemenson suma al análisis a aquellos patrones de comportamiento que fueron alguna vez eficaces. “El hombre está expuesto a la complejidad y la enfrenta mediante patrones fijos, que fueron establecidos mediante una estimación y desestimación de factores”, explica. Entonces, la mala adaptación surgiría cuando estos patrones que funcionaron en el pasado, no lo hacen en el presente y se los sigue poniendo en marcha (de modo consciente o inconciente).

Si bien el ejemplo de Arruñada tiende a que nos miremos con desconfianza, lo cierto es que desde la perspectiva económica no todas son malas noticias. Los humanos, con el cerebro de antaño, también hemos desarrollado mecanismos de cooperación –aunque se basan en grupos pequeños, como la familia, y suelen no extenderse mucho más allá de las relaciones de mercado–. Esa cooperación trata de ser copiada cuando en los gerentes dicen “somos como una familia”. Aunque este caso suene poco real, lo cierto es que el ser humano ha desarrollado “instituciones” –que contemplan códigos morales, respeto a los derechos de propiedad y cumplimiento de contratos– que le permiten cooperar con extraños o ajenos a la tribu.

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Bailar Tango hace bien al cerebro

Por philosophico - 18 de Noviembre, 2005, 16:02, Categoría: General

http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=54859

Bailar Tango hace bien al cerebro
ANSA

WASHINGTON.- Un estudio presentado durante la reunión de la sociedad estadounidense de neurociencia afirmó que bailar el tango no solo es un buen ejercicio sino que también ayuda a mantener en forma el cerebro.

Según el reporte, que se conoció durante la reunión celebrada esta semana en Washington, actividades desafiantes como los complicados pasos del tango o jugar al ajedrez, pero también ocupaciones como la jardinería, pueden estimular de manera crítica los cerebros de las personas al envejecer.

La autora de la investigación, Patricia McKinley, de la universidad McGill de Montreal, en Canadá, llevó a cabo su experimento con 30 personas de entre 68 y 91 años, la mitad de los cuales tomó lecciones de tango, mientras la otra realizaba sencillas caminatas.

Después de diez semanas de lecciones de danza y de paseos, McKinley sometió a ambos grupos a una serie de exámenes.

Todos los participantes demostraron avances en su potencia mental, pero los bailarines marcaron mejores resultados en los test multifunción, es decir, la capacidad de realizar varias actividades al mismo tiempo.

Además, señaló este miércoles el USA Today, que destacó el tema, los "tangueros" registraron avances en sus capacidades motoras y de coordinación. Por si fuera poco, también disfrutaron de un gran estímulo a su apreciación personal.

En los primeros días, "ellos venían en ropa deportiva y zapatillas, pero después de la tercera o cuarta clase comenzaron a llegar mejor vestidos, con joyas o maquillaje", relató la investigadora

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